lunes, 5 de enero de 2009

Carta al rey Melchor



Mi majestad:
Espero no ofenderlo ni irritarlo majestad
pero mi deseo es casarme con su hija
quizás sea una osadía pedir la mano de su hija
no me creáis oportunista ni un playboy mi majestad
no pretendo enriquecerme ni quiero palacios ni pajes ni yates
no quiero ser duque o tener chambelanes no deseo aprovecharme ni robarle nada
es cuestión de amor
que estoy loco de amor por la princesa
entiéndalo rey mío por favor compréndalo
aunque sea soberano supongo que será humano
como el resto de sus siervos también tendrá sentimientos
yo sé que vos realmente también os cagáis y folláis y sudáis como yo esto es real
así que présteme un poquito de atención
le hablaré fráncamente frente a frente majestad
Quizá yo no sea el yerno que soñó mi majestad
nunca tuve dinero ni soy conde o caballero no llego ni a hidalgo ciudadano raso
mi estirpe no es noble pero mi nobleza me obliga a decirle la verdad.
Sería mentirle si digo que tengo respeto por la monarquía
siempre me he cagado en las dinastías y en las patrias Putas la banderas sucias
los reinos de mierda y la sangre azul mi majestad
ahora es el real decreto del corazón mi majestad
que me arrastra y que reniegue por amor mi majestad
pues la fe mueve montañas el amor remueve el alma.
Y hasta el ser más consecuente ante el amor pierde su honor.
Yo por amor soy capaz de mandar a la mierda mis firmes principios de republicano
cambio de camisa y rindo pleitesía a la monarquía
que viva el amor que me convirtió en su esbirro majestad
sólo pensar que quisierais ser mi suegro majestad
yo ya le adoro yo le adulo y hasta le beso en el culo
le prometo ser bueno un digno yerno majestad
si me caso me transformo como en ese cuento
aquel sapo que por un beso se convierte en príncipe encantado
y así por un beso de su princesita
también yo me vuelvo todo lo que usted quiera
seré su súbdito amado su sumiso esclavo
su obediente criado su subordinado y devoto lacayo
le juro ante dios y ante el cielo y la Biblia.
Que viva el rey viva el rey
que viva la monarquía.

Albert Pla

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