Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de enero de 2009

Azagra



Aquí el amigo Carlos Azagra, visite su blog señora

viernes, 9 de enero de 2009

Gaza today

Aquí información actualizada desde Gaza, en inglés, por Sameh Akram Habeeb

Domingo, manifestación contra el ataque a Palestina


PAREMOS EL GENOCIDIO
CÁDIZ POR LA PAZ EN PALESTINA

Queremos expresar ante toda la ciudadanía mediante esta manifestación nuestro horror e indignación ante la masacre en Gaza, perpetrada por el Estado de Israel, que con la entrada a sangre y fuego de los tanques en la Franja se ha convertido definitivamente en una carnicería.

Se trata de una violación gravísima de todos los convenios internacionales de Derechos Humanos, que puede ser calificada sin exageración como crimen de lesa humanidad, cometido contra una población indefensa, cercada y asolada por el hambre y las penurias. Los heridos apenas pueden ser atendidos en hospitales sin medios ni medicamentos.

Creemos que es una vergüenza la impunidad y la arrogancia con que el Estado de Israel comete atrocidades como las que vivimos estos días, actuando con un sistemático terrorismo de estado, que le aleja del comportamiento propio de un Estado civilizado. Las acciones armadas que se han producido hasta el momento no pueden justificar de ningún modo, desde la óptica del Convenio de Ginebra, del Tratado de Roma o del derecho internacional humanitario, que se encierre a toda una población, se la prive de agua, de alimentos, de gasolina, se impida el acceso de la ayuda humanitaria y de la prensa… y luego se la machaque a sangre y fuego

Se trata de una acción inhumana, insoportablemente cruel, que exige una reacción contundente y urgente de las Naciones Unidas y de la Unión Europea; y por supuesto del gobierno español.

Pero todos ellos han demostrado una vergonzosa pasividad, desde la Unión Europea al propio gobierno español, que dan incluso por buenas las infames explicaciones de Israel.

En este ámbito, es también una vergüenza que la Unión Europea haya firmado y mantenga acuerdos preferenciales y estrechas relaciones de todo tipo –comerciales, culturales, diplomáticas y militares– con Israel sin que estas hayan sido supeditadas al respeto escrupuloso de los derechos humanos.

Desde el mismo día 28 de diciembre se vienen produciendo en todo el mundo amplias movilizaciones sociales para parar la masacre. Este mismo fin de semana se reproducen en numerosas ciudades de todo el mundo. Creemos imprescindible continuar la movilización social, porque la barbarie, la impunidad y el terrorismo de estado de Israel sólo podrán ser bloqueados desde la solidaridad y la presión ciudadana exigiendo a nuestros propios gobiernos su actuación inmediata.


Las organizaciones que hemos convocado esta manifestación, para avanzar hacia la tan deseada paz en Palestina, creemos imprescindible:

• El cese inmediato del ataque del Estado de Israel y la retirada de las tropas que han invadido Gaza y el alto el fuego de todas las partes.

• El fin inmediato del cerco y asedio a que está sometida Gaza, lo que permitirá no sólo empezar a paliar la grave crisis humanitaria provocada, sino abrir esperanzas de salida al conflicto, por tenues que sean.

• Una apuesta más decidida para la solución del conflicto por parte de la Unión Europea debe llevar a la revisión y paralización de los acuerdos económicos hasta que Israel cumpla con el respeto a los derechos humanos de la población Palestina.

• Un claro compromiso del Gobierno Español, una señal del cual sería llamar a consultas al embajador de nuestro país ante Israel.

• El cumplimiento de la legalidad internacional, del derecho internacional humanitario y de de todas las resoluciones de la ONU sobre Palestina.


POR LA PAZ EN PALESTINA - PAREMOS EL GENOCIDIO

Las organizaciones abajo firmantes llaman a la ciudadanía al compromiso solidario de toda la provincia de Cádiz, a la participación en la manifestación convocada para el próximo domingo, día 11, a las 12 de la mañana, y que partirá desde la Plaza de San Juan de Dios, así como en todas las posibles iniciativas de solidaridad que puedan convocarse.

El próximo martes, día 13, se convoca de nuevo a todos los colectivos y organizaciones para seguir planificando la solidaridad con Palestina. La reunión será a las 7 de la tarde en la sede de la Asociación Cardijn, c. Trille nº 40.


ORGANIZACIONES ADHERIDAS

Agaden
Amnistía Internacional
Asoc. Alazir
Asoc. ANDAD
Asoc. Cardijn
Asoc. Consumidores en Acción Cádiz - FACUA
Asoc. contra Mercantilización Educación - ACME
Asoc. Defensa Sanidad Pública ADSP
Asoc. Por Derechos Humanos Andalucía - APDHA
Ateneo Republicano Puerto Real
ATTAC-Cádiz
Cáritas Diocesana
Central General de Trabajadores - CGT
Centro Acogida Inmigrantes - CEAIN
Comisiones Obreras - CC.OO.
Comunidad Islámica Puerto Real
Ecologistas en Acción
Federación de AA.VV. 5 de Abril
Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC
Izquierda Anticapitalista
Izquierda Republicana
Izquierda Socialista Cádiz
Izquierda Unida
Justicia y Paz
Juventudes Comunistas Andalucia - JCA
Juventudes Socialistas Andalucía – JSA
Los Verdes Cádiz-Puerto Real
Partido Comunista Andalucia - PCA
Partido Socialista Obrero Español (local y provincial) - PSOE
Paz con Dignidad
Plataforma de Entidades de Cádiz PEC (Equa, Crac, Alendoy, Aspademis, Agamama, Cepa, el Vivero, Educadores Nuestro Barrio)
Secretariado Diocesano de Migraciones
Unión General de Trabajadores - UGT
Veterinarios Sin Fronteras

martes, 6 de enero de 2009

Alba Rico sobre Palestina

Qué bello es matar, qué justo es morir

Santiago Alba Rico
Rebelión


“Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé. Y arrasó aquellas ciudades y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. La mujer de Lot miró hacia atrás y se volvió poste de sal”.

Génesis 19, 23-26.



La ira de Dios no es sólo justa sino bella, y su belleza misma revela y proclama su justicia superior. ¿Cómo no sucumbir ante este extraordinario cuadro de El Bosco pintado por la aviación israelí? Los cuerpos y las casas que hay debajo, ¿no son derribados precisamente por la hermosura de este fogonazo divino, de este deslumbrante surtidor de luz? Los que no mueren, los que resisten, los que maldicen entre las ruinas, ¿no son por eso mismo culpables y reclaman con su supervivencia misma una nueva eyaculación de azufre y fuego?

Los más viejos atavismos religiosos se apoyan en los más modernos medios de destrucción. Más allá o más acá de las manipulaciones y las mentiras, nos inclinamos fascinados ante la brutalidad israelí porque es brutal y procede del cielo; admiramos su fuerza y no su causa, y es precisamente la verticalidad incontestable de esta fuerza la que la inviste de una legitimidad inalcanzable para la razón: pues es al mismo tiempo, y en el mismo molde, estética y teológica. Antes sólo se podía destruir una ciudad si se era Dios; ahora lo pueden hacer también los israelíes. Del cielo caen únicamente bendiciones milagrosas y castigos merecidos. La superioridad tecnológica de los sionistas -su superior desprecio por la vida humana- activa esta legitimación teológica que sus gobernantes explotan conscientemente, hasta el punto de que es la propia tecnoteología bíblica de los ataques aéreos, como única fuente ya de legitimidad, la que les obliga a repetirlos a una escala siempre mayor. Es tan bonito, tan placentero, tan fácil, tan justiciero, reducir a escombros una ciudad y sería tan difícil, tan feo, tan moralmente degradante tratar de defender racionalmente el sionismo... El Dios de la Biblia que destruye desde el aire es tanto más justo y tanto más bello cuanto mayor es su poder de aniquilación. Sus víctimas embellecen Su potencia, justifican Su existencia, homenajean Su misericordia; cuanto más aumenta el número de muertos, más culpables son los cadáveres y más sublime el agresor; cuantos más niños y mujeres y ancianos sucumben a esta luz maravillosa más maravillosa es la luz y más merecido el castigo. “Desproporcionado” -fuera de toda proporción- sólo lo es Yahvé y esto es lo que quieren decir los medios de comunicación y los gobiernos cuando califican así -respetuosa y admirativamente- el uso de la fuerza por parte de Israel: quieren decir que es “divino”, sobrenatural, sobrehumano, quieren decir que está justificado, que no podemos juzgarlo y mucho menos condenarlo sin cometer un sacrilegio. Los medios (de destrucción) justifican todos los fines. La “desproporción” tecnológica declara su derecho al margen de las leyes humanas y necesita muy poca propaganda para imponerse: basta con que sea capaz de imitar a Dios y “arrasar las ciudades con todos sus habitantes” en medio de un torrente de luz. Hasta los ateos más encallecidos pasaremos por alto los muertos a condición de que sean muchos y de que se usen para matarlos bombas de racimo y fósforo blanco; es decir, a condición de que el asesino sea omnipotente y su potencia de orden religioso y sobrenatural. Israel es un Estado teocrático por su forma de vivir y por su forma de matar. El resto del mundo le admira precisamente por eso. Y cuando volvemos la mirada hacia el espectáculo, como la mujer de Lot, nos convertimos en mudas columnas de sal.

El aire es puro; el cielo es inimputable. El piloto israelí del F-16 no llega a despeinarse; elegante, sofisticado, puntilloso en el cumplimiento de su misión, desinfectado de todos los bajos instintos que podrían empañar su mirada, brillante, irónico, serio, justo, imita a Dios y a El Bosco y vuelve luego a tiempo a Tel Aviv para probar la comida de un nuevo restaurante indonesio y discutir con su novia los detalles del nuevo mobiliario adquirido en Ikea.

¿Y abajo? ¿Qué ocurre entre tanto abajo? ¿Cómo es la gente de abajo?



Aquí los vemos. Son terrestres, primitivos, emocionales, gritones, amenazadores, oscuros, pastosos, supersticiosos, gregarios, andrajosos, feos, pedestres, horizontales, vulnerables, prescindibles: humanos. El artículo de El Mundo que ilustraba esta fotografía añadía que son también “exhibicionistas”: al contrario que los dueños del aire, que preferimos enterrar a nuestros muertos en la intimidad, a los palestinos de Gaza les divierte mostrar los cadáveres de sus niños y proclamar obscenamente su dolor. Al fino antropólogo del periódico español se le olvidaba citar otras diferencias igualmente definitivas: mientras que a los dueños del aire nos gusta morir de viejos en un hospital o en la intimidad de nuestras casas, a los palestinos de Gaza les encanta morir en la calle, en público, reventados sin ningún pudor por una bomba bíblica lanzada desde el cielo; y mientras que a los dueños del aire nos gusta matar sin despeinarnos ni alterarnos -para volver a tiempo de cenar en Tel-Aviv sin tener que pasar antes por la peluquería- a los palestinos de Gaza les gusta matar matándose -pues la rabia y el odio no les permitiría hacerlo de otra forma. Si la “desproporción” israelí se justifica a sí misma, las proporciones humanas de los palestinos se eliminan también a sí mismas. Basta la fotografía del bombardeo israelí para convencernos de la justicia sionista; y basta la fotografía del entierro palestino para convencernos de la culpabilidad palestina.

La diferencia entre israelíes y palestinos se resume en estas dos imágenes, en este contraste que los medios de comunicación, interesadamente o no, alimentan sin descanso: la superioridad estética y teológica de los unos, basada exclusivamente en su armamento, y la inferioridad “natural” de los otros, reducidos de antemano -desde siempre- a pura yesca del fuego de Yahvé, a mero combustible de la Luz Divina. Ningún razonamiento, ninguna súplica, podrán anular esta diferencia; tampoco ningún cohete Qassam. Sólo hay dos maneras de corregir este contraste asentado ya en nuestras retinas y sintetizado mansamente en nuestras miradas: o armamos a los palestinos con misiles, bombas de racimo y fósforo blanco o desarmamos a los israelíes y disolvemos el Estado de Israel. Mientras no ocurra una de estas cosas, de nada sirve que la justicia humana esté de parte de los palestinos en un mundo que babea fascinado -los EEUU, la UE, los gobiernos árabes, la ONU, los medios de comunicación- ante los cuadros de El Bosco que pinta la aviación israelí y la bíblica belleza justiciera que los acompaña. Mientras la justicia humana no nos parezca más justa y más bella que un bombardeo israelí, los palestinos -hagan lo que hagan- sólo conseguirán ensanchar la diferencia y dar pretextos a Yahvé para que los mate desde su remota elegancia imperturbable. No les deis pretextos, no, por favor: no lancéis cohetes, no disparéis fusiles, no saquéis los cuchillos, no defendáis vuestras casas, no protejáis vuestros niños, no gritéis, no lloréis, no comáis, no respiréis. Pero si no hay justicia humana y los palestinos son culpables ante Dios de respirar (¡cuánto más de sangrar!), si hagan lo que hagan han sido ya condenados para siempre, sería vergonzoso condenarlos también -hagan lo que hagan- desde nuestras confortables avionetas morales. Hay ocasiones en que más inmoral que asesinar es precisamente moralizar.

Pero ahora la diferencia se ha reducido un poco. A cubierto de los F-16 en mi casa bien caldeada, estremecido y avergonzado, siento la satisfacción de que los israelíes hayan renunciado a su impunidad divina y hayan entrado en Gaza también por tierra. Todavía inconmesurablemente superiores, se mueven en todo caso a ras de suelo y se vuelven por ello un poco palestinos, un poco humanos, un poco vulnerables; quizás esté incluso justificado matarlos. Quizás incluso mueran unos pocos. Quizás -ojalá-, en vez de miedo o admiración, algunos lleguen a inspirarnos también piedad.

Lo “desproporcionado” se llama Dios; lo “proporcionado” se llama justicia humana. Lo “proporcionado divino” es la belleza; lo “desproporcionado humano” es la compasión. Tal vez en los próximos días veamos por fin la imagen de un tanque israelí destruido por los heroicos defensores de Gaza y nos dejemos llevar luego, tras la alegría, por la desproporción de la compasión -inesperada, incomprensible, irracional- frente al cuerpo de un soldado israelí prisionero o muerto. En ausencia de proporciones, en ausencia de justicia, asesinos ahora expuestos al débil, feo y valiente fuego defensivo, quizás los sionistas, muertos, prisioneros o heridos, posados dolorosamente en tierra, nos parezcan por fin -por primera vez- humanos.

jueves, 1 de enero de 2009

El estado de las cosas (2)

Palestina: Guernica en Gaza

Tras los bombardeos en esa ciudad ya son 375 los palestinos muertos y 1.500 los heridos, pero Tel Aviv advirtió que la ofensiva puede durar «semanas»

Por: Vittorio Arrigoni*
31 de diciembre de 2008 00:38:51 GMT

Mi apartamento en Gaza está frente al mar, una vista panorámica que siempre hace milagros para mi humor, desafiado a menudo por toda la miseria que puede causar una vida en estado de sitio. Es decir, antes de esta mañana cuando el infierno golpeó a mi ventana. Esta mañana despertamos en Gaza con el sonido del estallido de bombas, y muchas cayeron a unos pocos cientos de metros de mi casa. Algunos de mis amigos murieron bajo ellas. Hasta ahora las víctimas mortales llegan a 210, pero la cantidad va a aumentar dramáticamente.

Es un baño de sangre sin precedentes. Han arrasado el puerto frente a mi ventana, y pulverizado las comisarías. Me dicen que los medios occidentales han asimilado y repiten los comunicados de prensa emitidos por los militares israelíes, según los cuales los ataques apuntaron solo a guaridas terroristas de Hamas, con precisión quirúrgica.

En realidad, al visitar el hospital principal de la ciudad, Al Shifa, y al ver la acumulación caótica de cuerpos depositados en su patio, vimos sobre todo a civiles entre los que esperaban ser atendidos, acostados junto a otros que esperaban ser debidamente enterrados. ¿Podéis imaginar Gaza? Cada casa toca a la otra, cada edificio se eleva sobre el otro. Gaza es el sitio con la mayor densidad de población del mundo, lo que significa que si se bombardea desde la altura, inevitablemente se masacra a numerosos civiles. Lo sabes, eres culpable de lo que se te acusa, no es por error, no es un caso de daño colateral.

Al bombardear la estación central de policía en Al Abbas en el centro de la ciudad, la vecina escuela primaria también fue seriamente dañada por la explosión. Ocurrió al terminar el día escolar y los niños ya estaban en la calle. La mayoría de sus ondeantes delantales azul cielo fueron manchados de sangre. Al bombardear la academia policial de Dair Al Balah, se registraron algunos muertos y heridos del mercado cercano, el mercado central de Gaza. Hemos visto los cadáveres de animales y de personas, su sangre mezclada en arroyos que corrían por las calles de asfalto. Una Guernica transfigurada en realidad. Vi a muchos cadáveres uniformados en los diversos hospitales que visité —conocía a muchos de esos muchachos. Los saludaba cada día cuando los encontraba en la calle en camino al puerto, o hacia el café central por la tarde.

A algunos los conocía por su nombre. Un nombre, una historia, una familia mutilada. La mayoría eran jóvenes, de 18 o 20 años, casi ninguno tenía tendencias políticas, ni con Fatah ni con Hamas, simplemente alistados en la fuerza de policía una vez que terminaron la universidad a fin de tener un trabajo seguro en Gaza, que bajo el criminal sitio de Israel tiene más de un 60 por ciento de desempleo entre su población. No me interesa la propaganda y dejo que hablen mis ojos, mis oídos resuenan con el aullido de las sirenas y el estruendo de los explosivos.

No he visto a ningún terrorista entre las víctimas de este día, solo civiles y policías. Exactamente como nuestros propios agentes de policía locales, los policías palestinos masacrados por los bombardeos israelíes podían ser vistos todos los días del año caminando por la misma plaza de la ciudad, supervisando la misma esquina.

Solo anoche me reí de un par de ellos por la manera como se encapotaban contra el frío, frente a mi casa. Quiero que la verdad redima a algunos de estos muertos. Jamás hicieron un solo disparo contra Israel, ni jamás lo hubieran hecho —la descripción de sus funciones no les decía que lo hicieran. Actuaban como policías municipales, se preocupaban de la seguridad interior.

En todo caso, el puerto queda bastante lejos de la frontera israelí. Tengo una cámara de video, pero hoy descubrí que soy un camarógrafo inútil. No puedo forzarme a filmar cuerpos mutilados ni caras bañadas en lágrimas. Simplemente no puedo hacerlo. Comienzo a llorar yo mismo. Los otros voluntarios internacionales de ISM (Movimiento Internacional de Solidaridad) y yo fuimos al hospital Al Shifa a dar sangre.

Ahí recibimos un llamado que nos informó que Sara, una querida amiga nuestra, había sido muerta por un trozo de metralla cerca de su casa en el campo de refugiados de Jabalia. Una dulce persona, un alma alegre, había salido a comprar un poco de pan para su familia. Deja tras de sí a 13 niños.

Hace un momento recibí un llamado de Tofiq, de Chipre. Tofiq es uno de los estudiantes palestinos con la suerte de haber abandonado el interminable campo de prisioneros de Gaza, en uno de nuestros barcos del Free Gaza Movement, para recomenzar en algún otro sitio. Me preguntó si había visitado a su tío y si había ido a saludarlo en su nombre, como había prometido.

Con indecisión, le pedí disculpas porque no había llegado a tiempo. Demasiado tarde —estaba enterrado por los escombros del área del puerto junto a muchos otros. Desde Israel recibimos la terrible amenaza de que esto es solo el primer día de una campaña de bombardeo que podría durar hasta dos semanas. Quieren convertirlo en un desierto y llamarlo paz. El silencio del «mundo civilizado» es más ensordecedor que las explosiones que cubren la ciudad como un manto de muerte y terror.

*(Publicado en Il Manifesto/freegaza. Traducido por Germán Leyens para Rebelión)

Nota: Ya son 375 los palestinos muertos.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Israel

El problema no es que Israel sea un Estado judío, sino que es un Estado terrorista. Aunque hubiese sido fundado y habitado por otomíes, por pashtunes o por noruegos, sus prácticas genocidas merecerían algo más que la condena universal: la intervención inmediata y enérgica de la comunidad de naciones para defender a las víctimas de su barbarie y para llevar a sus gobernantes ante tribunales internacionales de justicia y procesarlos por crímenes de guerra.
Dos razones explican que ello no haya ocurrido aún y que, posiblemente, no ocurra jamás: el (justificado) sentimiento de culpa de las potencias occidentales por no haber impedido el exterminio de judíos que llevaron a cabo los nazis y, mucho más importante y decisiva, la condición de Tel Aviv como aliado estratégico de Europa y Estados Unidos en una región predominantemente árabe, islámica, y por mucho tiempo reacia a uncirse a los dictados colonialistas de las metrópolis. De no ser por esos factores, hace mucho tiempo que Israel habría sufrido un férreo bloqueo económico, habría sido hostigado en forma sistemática y, posiblemente, habría sido arrasado por los bombarderos de Occidente, como les ocurrió a Irak, a la extinta Yugoslavia y a Afganistán.

Y es que el régimen israelí no sólo es culpable de delitos de lesa humanidad, como éste al que asistimos en el fin de 2008, cuando los aviones de Tel Aviv ejecutan sanciones colectivas contra las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos de Gaza, sino también de la fabricación de armas de destrucción masiva: las bombas atómicas de Israel, producidas ante las narices de Washington y de Bruselas son, para el mundo, una amenaza mucho más real que las supuestas armas iraquíes cuya existencia inventó George W. Bush para dar justificación a su guerra de negocios. Adicionalmente, el Estado fundado por Ben Gurión y Weismann (vinculados a Haganá e Irgún, organizaciones sionistas célebres por sus represalias sangrientas contra los árabes, y no menos terroristas que las islámicas Hamas y Hizbollá) ha aplicado en Cisjordania y en la porción palestina de Jerusalén una política sistemática de limpieza étnica semejante a la que el extinto régimen de Milosevic puso en práctica en Bosnia; ha saqueado y devastado los recursos naturales de los palestinos, ha reducido a las poblaciones de Cisjordania y Gaza a la explotación inmisericorde, a la miseria y a la humillación y ha implantado, en el territorio israelí, un régimen racista de discriminación y apartheid sobre los ciudadanos árabes.
A estas alturas, el Estado israelí no corre ningún peligro de ser arrasado ni destruido por sus vecinos árabes y musulmanes, y menos por los puñados de desesperados harapientos que de cuando en cuando realizan atentados terroristas contra el sur de Israel. Sus vastos recursos bélicos –obtenidos en buena medida gracias al respaldo incondicional de Washington– le aseguran una ventaja irreversible y aplastante sobre el resto de los países de la región.

Los principales enemigos del régimen de Israel son su propia arrogancia, su impunidad, hasta ahora absoluta, su desprecio hacia la legalidad internacional y la aplicación racista y facciosa de sus propias leyes. Por esa vía, el Estado hebreo (lo mismo daría si fuera mixteco, druso o armenio) se encamina hacia una bancarrota moral irreparable. Occidente debe intervenir, no para destruirlo, como hizo con Irak y con Afganistán, sino para contenerlo, para reformarlo, para rescatarlo de sí mismo y, desde luego, para impedir que siga rindiendo tributos a la barbarie y ofreciéndole al mundo regalos horrorosos como este año nuevo ensangrentado en Gaza. Pero no hay que mezclar las cosas: llegado el momento, cuando suene el shofar, muchos gentiles, con el mismo afecto de todos los años, diremos shaná tobá a nuestros amigos y conocidos judíos, sean israelíes o no.

P.M. en La Jornada
Fotos AP y Reuters