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domingo, 11 de julio de 2010

Porque no nos gusta esta bandera

Porque no nos gusta esta bandera


(Banda sonora: Himno de Riego)





“Los campanarios de la catedral [de Cuzco, Perú], derribados por el terremoto de 1950, habían sido reconstruidos por cuenta del gobierno del general Franco y en prueba de gratitud se ordenó a la banda ejecutar el himno español. Sonaron los primeros acordes y se vio el bonete rojo del obispo encarnarse más aún mientras sus brazos se movían como los de una marioneta: “Paren, paren, hay un error”, decía, mientras se oía la indignada voz de un gaita: “Dos años trabajando, ¡para esto!”. La banda -no sé si bien o mal intencionada-, había iniciado la ejecución del himno republicano.” Diarios de una motocicleta, Ernesto Ché Guevara.


Tomo prestados título y algunas ideas base de un artículo aparecido en la página insurgente.org. Durante recientes viajes a tierras de más allá de los Pirineos, gentes que sin duda pretendían hacerme sentir cómodo, comprendido y acompañado insistían en diversos actos más o menos institucionales en situarme junto a banderas de España y fotografiarme junto a la enseña nacional. Ya de vuelta en la península, la proliferación de simbología patria al hilo del Mundial de Fútbol y el contacto con extranjeros que se identifican con cierto entusiasmo con el rojo y amarillo me han vuelto a producir esa sensación de extrañamiento frente a los símbolos nacionales presuntamente propios. En ambos casos me han requerido una explicación ante mi escaso entusiasmo, y en las más de las ocasiones abierto rechazo, ante esa bandera, himno, selección deportiva... A modo de lista de la compra, ahí van algunas razones:

-Aunque la bandera bicolor actual es anterior al régimen franquista, los golpistas de 1936 que instauraron el fascismo posterior del que aún padecemos los efectos la adoptaron como propia y fue instrumento predilecto de la propaganda nacionalcatólica y del más represor 'españolismo' centralista.
-El cambio de escudo no fue suficiente para lavar la imagen de un símbolo excesivamente marcado por la muerte como para aceptarlo como propio. ¿Imaginan una mutación de la esvástica como actual bandera alemana?
-Independentismos aparte, la actual bandera viene siendo utilizada desde la mal llamada Transición hasta el presente como objeto de lucha política en el bando de quienes en la península solo ven “una, grande” -el tercer adjetivo mejor nos lo ahorramos-, no necesariamente a la manera franquista pero sí con una clara óptica centralista que pretende reducir a la condición de 'folklore' cualquier manifestación de otras posibles nacionalidades/identidades.
-La visión de la España de charanga y pandereta tan explotada por el franquismo y continuada ahora en las campañas internacionales de promoción turística, siempre con el rojo y el amarillo de la bandera como protagonistas, perpetúa esa idea de España como patio de recreo de las clases medias europeas, un país de camareros sin más interés que sobrevivir de las propinas que dejan nuestros condescendientes visitantes.

Y se acabó, que dentro de poco empieza el fútbol.

(publicado en ecijaldia)

jueves, 6 de mayo de 2010

Introducción a la guerra (civil)

(Banda sonora: 'It takes a nation of millions to hold us back', Public Enemy, abril 1988)


Y sí, a la guerra civil, porque todas las guerras lo son. Incluida esta permanente que padecemos. Esta guerra de la representación y el espectáculo, como ya nos enseñó aquel punki de Debord allá por ¡1967! Esta guerra contra los afectos, contra las palabras, contra nosotros, la guerra del individuo, del electrodo, de los yogures caducados, de la imposible apropiación de la vida.




Y sí, sufrimos una guerra que nos impide -casi- nacer, que nos prescribe el camino desde la primera hostia del médico, desde los tubos de luz fluorescente de los pasillos de los hospitales, desde la burocracia gris del registro, los bancos de las escuelas y sus rejas en las ventanas, el surrealismo indecente del trabajo asalariado, la mentira hipotecada y pedigüeña de la pensión, el odio inducido a todo lo ajeno. Pero la única salvación viene de fuera, de lo otro. Y los que permanecen despiertos en medio del sueño injusto de lo establecido son la pesadilla de los durmientes. Por eso van a por nosotros.

Y sí, el título de esta columna-panfleto no es original. Tomado y reapropiado está de unos escritos que aparecieron primero en francés y hace aproximadamente un año fueron traducidos y vertidos al castellano por la imprescindible editorial Melusina. Busquen, busquen en ese gran vertedero del espectáculo que llamamos internet. Como en todos los vertederos hallarán fogonazos, destellos, llamamientos, tesoros heroicos en este tiempo en el que nos cuentan que no hay lugar para los héroes.

Y sí, es una guerra que no ha hecho más que empezar. Una guerra sin pasado ni futuro, porque aquello que ha de resultar ha de ser necesaria y radicalmente 'otro' y 'nuevo'. Las palabras, los sentimientos, los lugares y las geografías, la libertad, todo aquello que hemos de habitar está por inventar, descubrir, construir.

Y sí, somos el enemigo invisible de esta guerra. Entre la desolación circundante, entre la podredumbre de una ilusión de civilización esclava que se desvanece, nos citamos en los bancos de los parques para conspirar, nos amamos en las orillas de los ríos para destruir la inercia, encontramos usos fecundos para los viejos rituales de la dominación. Ponemos el mundo patas abajo.

Y sí, hay una guerra (civil). También contra ti.

(Pablo Terradillos para ecijaldia.com, foto AP)

lunes, 26 de abril de 2010

De viajes y esperanzas

(Banda sonora, People are strange, The Doors)


Cierto es que viajar elimina caspa y telarañas. Diluye las certezas provincianas y ayuda al ojo a enfocar eso que llamamos realidad de otra manera, normalmente más amplia, normalmente para bien. Y aunque cada vez soporto menos el viaje turístico, me siento bien en los aeropuertos y estaciones cuando en el destino aguarda algún objetivo, algún quehacer concreto. Mezclarse con los lugareños ofrece la perspectiva no ya del viajero sino del nuevo vecino, casi me atrevo a decir que del recién nacido.

Así, mientras en las Españas que padecemos el affaire Garzón y las cenizas islandesas ocultan Gürtels, espionajes, política de la descalificación y un parlamentarismo cuanto menos paupérrimo, en otras latitudes ni han oído hablar de Fraga y sus intentos de apropiación, a base de palos y disparos de las fuerzas del orden, de las calles; ni les importan los cierres 'preventivos' de medios de comunicación por el simple hecho de no comulgar con las ruedas de molino de la mayoría oficialista; ni saben ni quieren saber de esa señora condesa consorte que comparte apellido con un ilustre y nada convencional poeta y parece empeñada en desmantelar el poco Estado del Bienestar conseguido, y aún a veces zancadillea a sus propios compañeros de ¿ideología?/partido político en una suerte de malabarismo cuasi sadomasoquista que lleva a preguntarse por su equilibrio mental.

En ocasiones, y se me viene a la memoria un no tan reciente viaje a la cordillera andina, esta lejanía de la península donde habitualmente siento mis bases ayuda a recuperar fuerzas y esperanzas. Tiene uno la ocasión de compartir experiencia y acción con gentes que le enseñan nuevas realidades y nuevas formas de cambiarlas a mejor. Gentes llenas de ánimos, con ideas que se abren paso en la dificultad y que consiguen transformar el estado de las cosas. Y en otras ocasiones, como esta en que me encuentro en Rusia, las esperanzas se le caen a uno, y comparte entonces aquello que le decía Antonio Gramsci a su amada Yulca: “El mundo es un lugar grande y terrible”. Viene esto al caso porque aquí en las Rusias he encontrado un país entregado al consumismo más cutre, una sociedad absolutamente desentendida de sus pasados, presentes y futuros, totalmente despolitizada (es decir, entregada al poder) y con dos, me parece, problemas de dimensión absolutamente global y para nada doméstica: el militarismo intervencionista y el estado policial por un lado, y un problema de salud en forma de contaminación y plena ausencia de conciencia sobre sus, ya patentes, peligros. Seguro que hay gentes luchadoras y maravillosas que sí se preocupan y actúan. Yo trabajo en una universidad 'de provincias' y no las he encontrado. Y mis esperanzas se resienten.



(Pablo Terradillos, para ecijaldia)