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viernes, 7 de mayo de 2010

Más gentes

Añadimos a los compañeros de viaje varios dos nuevos espacios.
Por un lado el imprescindible Carmelo, el más gadita, altamente recomendable para quien aún no lo conozca. Temas de Cádiz y el mundo, Carnaval, claro, y sobre todo humor, eso que todos creemos tener y que mucho más tendríamos que practicar. Carmelo está desde ya en este blog y desde que él quiso aquí.
Y desde la Complutense de Madrid nos llegan las gentes de Sirenik, que en sus propias palabras "es una máquina, quiere ser una máquina, con efecto, con estructura, con mecanismo. Quiere funcionar. Sólo quiere funcionar". Parte y foco del Comité Invisible llevan desde aquí sus textos al mundo para darles "la oportunidad de convertirlos en acción no encauzada, y por lo mismo, generalmente llamada violenta".

viernes, 26 de marzo de 2010

Fantasmas de la estepa

La cosa va como sigue: esta mañana venía a la Universidad Federal de Siberia, Krasnoyarsk, donde este panfleto se ha trasladado, el clásico grupo de estudiantes de instituto para la típica sesión de orientación y propaganda de la Universidad. Como servidor es ahora la mascota del departamento de español, me llevaban cual atracción de feria. Y me pidieron que pusiera de fondo algo de música española. Pero no había conexión a internet, así que eché mano de la maleta y los únicos cds que encontré fueron los de Los Fantasmas en el Pemán. Y esta es la breve historia de cómo el Carnaval de Cádiz en una de sus mejores versiones sonó por los pasillos y aulas de la Universidad Federal de Siberia, para asombro de muchos a los que, en vano me temo, traté de explicar qué carajo es eso del Carnaval. Salud.

(el vídeo es cortesía, o sea mangaso, de guashilandia, sintonícelo en su youtube señora)

martes, 3 de noviembre de 2009

Hassan y Chapu mano a mano

Todo es extraño en el bar a medianoche. El jefe recibe al redactor sentado en una silla destartalada de metal y falsa piel con ruedas que un día fue parte de una oficina. «Para ti esta, que es de cantaor». Están ustedes en una rebotica sideral con las vigas de cemento del techo al aire, dos escobas tiradas, cajas de refresco apiladas sin mucho orden y un palo de billar roto sobre un suelo de baldosas que han vivido mejores tiempos. Es la trasera del Cambalache, templo apócrifo de la bohemia del jazz de Cádiz y de la intelectualidad más o menos golfa que antes de final de año cumplirá un cuarto de siglo. Hassan (Casablanca, 1959) posa el cenicero sobre un arcón nevera que hace de mesa de despacho. «Tú dirás», dice con voz ronca y sonrisa de Simbad. Desde el otro lado de la puerta llega el rumor de voces y risas con una trompeta que podría ser la de Dizzy Gillespie.
-¿Qué hace un hombre como usted en un lugar como este?
-Bueno, soy el jefe de esto, aunque no mando… Por eso funciona, creo. Yo vine a Cádiz con 18 años a estudiar Náutica y…
-¿Le enviaron sus padres?
-Mi familia es toda de gente de mar, y yo estudiaba Náuticas en Agadir. Vino el ministro de Pesca marroquí y dijo que los primeros cinco irían a Cádiz becados. Me puse a estudiar como un loco y fui el primero de la promoción.
-¿Se quedó por negocios?
-Por ella. Cuando estaba estudiando aquí conocí a Isabel, la mujer de mi vida con la que tengo tres hijos. Estuve un tiempo navegando en Canarias y Cádiz, pero cuando conoces a una mujer así, ya no piensas en el mar. Dices: «esta piba me la van a levantar los buitres de Cádiz». Empiezas a buscar una manera de vivir junto a ella y así nació Cambalache. Yo iba a tener una mujer en cada puerto, como Simbad, pero…
-¿Cómo empezó todo?
-Era el año 1984, antes de Navidad, sobre estas fechas. ¡Hace 25 años! Y comenzamos pinchando con mi cuñado Los Ilegales y esas cosas que ahora llaman Música de los 80. La gente bailaba mucho, pero era demasiada música para mí. Quería más tranquilidad, así que comenzamos con café-teatro… y llegó el jazz. Venían los maestros, la primera generación del jazz de Cádiz. Chano Domínguez, Alfonso Gamaza, que en paz descanse, Manolo Perfumo… Estaba sólo La Chimenea y era muy pequeño. Yo les daba lo que podía. 2.000 pesetas. Venía la gente joven a escucharlos y otros mayores y eso se ha mantenido con el tiempo, con otras generaciones de músicos. Ellos piden para pagarse los gastos y echar un buen rato y si no hay gente, no me piden dinero.
-¿Cuál es el secreto del Universo Cambalache?
-Nunca he pensado en crear algo único o distinto… Eso lo creó la gente. El jazz no vende en un disco, hay que escucharlo en directo, pero no da dinero. Tiene magia, pero todos los grandes músicos han muerto pobres o borrachos. Muchos días vienen cuatro gatos, pero no me importa porque los gastos son muy pocos y puedo pagar a los grupos.
-¿Algún momento glorioso?
-Recuerdo el bar abarrotado. Tocaban Chano Domínguez, Alfonso Gamaza, Tato Macías y Manolo Perfumo. La gente estaba en el bar, en la calle, jarreaba y ellos con los paraguas aguantando en silencio. Shh… Amoascuchá!
-Su historia de inmigración es un éxito. ¿Cómo asiste al drama del Estrecho?
-Lo veo muy mal. Nunca tendrían que haber existido esas muertes. Antes, cuando yo era adolescente, los chavales con dinero venían a Europa a trabajar. Iban a Francia, a Bélgica, se buscaban la vida y si les iban mal las cosas, volvían al lado de su madre, orgullosos. Ahora, con los visados, tienen que pagar una patera. Si no mueren, llegan sin dinero, se echan a perder aquí. No pueden volver por vergüenza y eso es un drama.
-¿Cómo lleva el tema del sonido?
-Yo nunca he molestado a nadie, pero hay gente que se ha dedicado al directo cobrando entradas, con copas caras, para sacar dinero. Y la gente venía aquí, por costumbre, por lo que sea. Han tenido envidia y he tenido que dejar de dar música en directo. Ahora he insonorizado más y los papeles están en el Ayuntamiento.
-¿Cómo ha cambiado Cádiz en los últimos 25 años?
-Mucho. Ahora hay más leyes. No sé si vamos a terminar en una dictadura democrática de las leyes. De todas maneras, Cádiz es como el jazz: improvisa mucho.
-Alladin, Casablanca, Moracinho, Obama… dicen que el suyo es un romancero jazz, pues tiene distintas variaciones sobre la misma melodía. ¿Piensa aprenderse algún año las cuartetas?
-Es que a Brochi (Ignacio Córdoba) y a mí nos las dan a última hora -ríe-. Pero prometo que este año me lo aprendo.
-¿Qué no se sabe de usted?
-Que el otro día fui a una matanza de cochinos. Soy un marroquí atípico, vale.
-Estamos en Tosantos. ¿Qué le gustaría que dijeran de usted después de muerto?
-Que dijeran ¡Se mueve, se mueve! -carcajadas-.
-¿Qué diría al mundo si le escuchase?
-¡Cabrones! ¡Dejad la guerra! O también: Si tu ganas, yo gano. ¿O era al revés? -ríe-. ¿Cómo era? Nunca lo recuerdo. Salud mundial para todos.
-Este no es el mejor lugar para defender la salud mundial.
-Pero sí la falta de dolor.
 

domingo, 6 de septiembre de 2009

viernes, 28 de agosto de 2009

carnaval geographic

el amigo lázaro nos deja estas delicias carnavalescas, para quitarnos el mono. salud.
(busquen, busquen 'carnaval geographic')













jueves, 16 de julio de 2009

Los americanos



se acaban las clases con los americanos y los echaré de menos.
(falta el popurrí, que dicho sea de paso era lo mejor de esta comparsa)

miércoles, 7 de enero de 2009

¡Feliz Carnaval 09!


(unforgettable presentación, ojo al careto de pacomesa-solitario al fondo a la izquierda)


(en estas fechas tan señaladas... ¡y con el himno de riego!)


(cádi2012)


(escuche señora, magñific!, otra riestra: ¡Mariano Rajoy con Mari Trini!)


(last but not least ¡Josep Lluís!)

ellas están aquí

jueves, 4 de diciembre de 2008

4 de diciembre (1977-2008)

Tres visiones de Andalucía. Los Volteretas, chirigota callejera de 1994, aunque esta versión es de la antología de Los Fantasmas; Los Yesterday, chirigota de 1999; y un artículo de pedro honrubia tomado de rebelion.org











De silencios, olvidos y otros tormentos del pueblo andaluz
4 de Diciembre



Recuerdo que cuando era apenas un niño, mi abuelo me contaba fascinado una historia que tenía una bandera blanca y verde por insignia. Una historia de un pueblo que estaba decidido a reencontrarse con su historia. Como yo tenía el sueño difícil, y él sabía que me encantaba escucharle, día tras día, noche tras noche, me hablaba de como en cierto tiempo las calles de una tierra maravillosa se llenaron un buen día de gente que, contra todo pronóstico, gritaba entusiasmada por que se reconociera la identidad de su pueblo, porque se reconocieran todos y cada uno de los derechos que como tal le correspondían dentro del estado del cual formaban parte. Con una gran sonrisa me relataba como fueron cientos de miles, quizás millones, los hombres y mujeres, jóvenes y adultos, niños y ancianos, que se echaron a la calle, un 4 de Diciembre de 1977, para protestar por lo que ellos consideraban una injusticia histórica para con el bienestar y la identidad de su pueblo (una injusticia más de las muchas que ya habían sufrido durante siglos).

Una marea blanca y verde recorrió entonces las plazas y avenidas de las principales ciudades de Andalucía, y de fondo un grito ensordecedor dejaba sorda a la muchedumbre, que fascinada se dejaba llevar por el bello sonido que de cada una de sus letras se desprendía: ¡¡¡Andaluces Levantaos, pedir tierra y libertad, sea por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad!!! Nunca después volvieron a verse en Andalucía semejantes movilizaciones de masas, ni si quiera para protestar contra la guerra de Iraq o para protestar contra los atentados terroristas del 11-M o algunos de los muchos cometidos por ETA en Andalucía. Ni en Huelgas generales, ni en celebraciones de victorias de ciertos acontecimientos deportivos de masas, ni si quiera para vitorear las bodas de duquesas o Infantas, tales movilizaciones ciudadanas jamás han vuelto a repetirse por estas tierras. Por eso, aquel 4 de Diciembre quedará para siempre en la historia de Andalucía como el día en que un pueblo, movilizado y concienciado de su existencia, intentó por fin despertar de su letargo. Pero todo quedó en eso, en un intento.

Eran tiempos de lucha, tiempos de conflictos. Y no sólo para Andalucía. El estado español andaba en pleno proceso de reconversión del fascismo dictatorial en una democracia burguesa liberal, con reminiscencias fascistas. Un nuevo modelo de estado, subproducto del viejo estado franquista y sus planes de desarrollo, se estaba gestando. La izquierda buscaba su hueco en el pastel. Los nacionalismos burgueses querían imponer sus privilegios “históricos”, bien atados y consolidados con la estructura económica que Franco regaló al nuevo estado capitalista, consecuencia histórica de las políticas estatales de explotación y colonialismo intrafronterizo llevadas a cabo por siglos atrás. El rey de España asomaba la cabeza como heredero del poder franquista. Eran tiempos en que, también es verdad, millones de personas, dentro y fuera de Andalucía, soñaban con la libertad y la democracia. Pero todo quedó en eso, en un sueño.

Eran tiempos en que un partido nacionalista andaluz, llamado además, para más inri, socialista, lograba sacar grupo propio de diputados en el parlamento español. Tiempos en que la política andaluza ocupaba todo tipo de portadas e informaciones radiofónicas y televisivas a nivel estatal. Tiempos en que la política española, de España como estado y de sus diferentes naciones, se veía obligada a mirar con lupa todo lo que ocurría en eso que ellos siempre llamaron despectivamente “el sur”. Tiempos en que la voz de un pueblo humilde, trabajador, pacífico pero vigoroso, fue capaz de callar los gritos del poder establecido, que pretendía construir ya desde lo jurídico un estado asimétrico, una España de dos velocidades, la de Madrid y sus socios nacionalistas burgueses del norte, y la del resto, especialmente Andalucía. Eran los tiempos del “café para todos”. Tiempos en los que un presidente de la Junta de Andalucía, no nacionalista para más inri, se atrevió a gritar en sede parlamentaria aquello de ¡Viva Andalucía libre! Eran tiempos de lucha entre el camino del 151 o la vía del 143. Tiempos en que las encuestas sobre temas identitarios arrojaban resultados como este: Sólo español (19%), más español que andaluz (6%), igual de andaluz que de español (47%), más andaluz que español (9%), sólo andaluz (18%). Tiempos, en definitiva, de consciencia política de un pueblo, de un pueblo que agarraba su esperanza al verde de su bandera, y que tuvo que ver como el fascismo español teñía de rojo sangre el blanco de la paz que le acompaña, sólo por pedir una autonomía con derecho a “pan, trabajo y libertad” (José Manuel, Javier, no os olvidamos). Tiempos, otros tiempos.

Desde entonces, mucho ha llovido por esta tierra seca. Me comentaba hoy un compañero que en la tarde del 27 de Noviembre había asistido a una conferencia en Sevilla con ocasión de la presentación de un nuevo libro de Manolo Ruiz que lleva por título “ Tiempos de cambio: ndalucía hacia la transición autonómica ”. Según me dice, el autor había podido constatar que Radio Nacional de España ha destruido todos los documentos radiofónicos de la época de la transición relacionados con el modo tan sorprendente en que se consiguió la autonomía andaluza, de lucha en la calle, de protestas masivas, de implicación política y ciudadana, dejándolos en apenas ¡15 minutos de emisiones! Mi amigo estaba escandalizado. Aunque, en verdad, ambos coincidimos en opinar que tales hechos no nos extrañan en absoluto, ni le son ajenos al pueblo andaluz en su relación con España. Ya lo hicieron previamente, por ejemplo, los reyes católicos quemando en la hoguera todo cuanto tenía que ver con la cultura andalusí (filosofía, ciencias, literatura, historia, etc.). Y es que silenciar la memoria de un pueblo es el método más efectivo posible para acallarlo para siempre. Un pueblo que olvida su pasado, es un pueblo desvalido, huérfano, un pueblo sometido a los vaivenes de la historia que escriben en su nombre los vencedores. Un pueblo sin voz, callado, silenciado: un pueblo muerto politicamente hablando.

Y de silencios va la cosa. Los podemos ver (son silencios lumínicos, por lo simbólico) cada año que pasa en los sucesivos debates parlamentarios sobre “el estado de la nación”. Con cada nuevo debate muchos andaluces nos llevamos las manos a la cabeza por no poder escuchar, a lo largo de dos días de discursos, réplicas y contra réplicas, ni una sola referencia a nuestra tierra durante las intervenciones de los diferentes representantes políticos, entre los cuales se encuentran, claro está, los cabecillas de los partidos que legítimamente representan, supuestamente, nuestros intereses políticos en tan importante lugar. No pintamos nada, decimos como sorprendidos después de semejante falta de respeto al pueblo andaluz, repetida sin pudor alguno año tras año.

Hoy, que podría ser un día cualquiera de un mes cualquiera de un año de estos, aunque en realidad sea vísperas de un 4 de Diciembre, leyendo la prensa del estado, uno se da cuenta de que ese silencio no es, ni mucho menos, una mera casualidad, todo lo contrario. Bien podemos afirmar que tal hecho no es más que la constatación a gran escala de una situación que se repite día a día delante de nuestras narices y que, en la mayoría de ocasiones, cuenta con nuestra total complicidad como andaluces que somos. Entre debates sobre la crisis financiera internacional, noticias de atentados en Iraq o Afganistán, vilipendios a los gobiernos progresistas de América Latina, declaraciones malintencionadas de dirigentes del PP en contra del gobierno de ZP u otros miembros de su propio partido, las salidas de tono de José Blanco o Bono, y alguna que otra referencia a la política de la UE y los EEUU, se nos van las hojas de los principales diarios estatales sin que podamos encontrar entre sus noticias más relevantes una sola mención a la actividad política de nuestra Andalucía. Claro que si es usted andaluz y compra estos diarios en Andalucía, siempre podrá encontrar una pequeña sección central dedicada a la actualidad de nuestra tierra, pero, eso sí, contada desde el punto de vista de la ideología dominante en el diario en cuestión. Nada nuevo bajo el sol, que diría el otro. Hemos de concluir entonces, que si para leer algo sobre la política andaluza nos hemos de dirigir a los periódicos andaluces (locales o sucursales), parece totalmente lógico que para oír hablar de política andaluza nos hemos de dirigir, igualmente, al parlamento de Andalucía. No nos engañemos más, ni en la prensa estatal ni en el parlamento español la política andaluza interesa lo más mínimo. Y para colmo, en el propio parlamento andaluz hasta no hace mucho se ha venido hablando más de planes Ibarretxes y de estatuts que de la propia política andaluza.

Dicho esto, creo que fácilmente podemos llegar a la siguiente conclusión: la política andaluza, hoy por hoy, no pinta nada en el marco global del estado español. Triste pero cierto. La situación es ciertamente para reflexionar y preocuparse, analizar la causas y tratar de hacer algo para voltearlas, pero no tendría mayor relevancia de la que tiene (que no es poca), de no ser porque, encima, algunos políticos andaluces nos quieren vender la idea de una Andalucía como referente básico en la política estatal: Andalucía al máximo, nos dicen. Al máximo desconocimiento de su propia realidad, silenciada, olvidan apuntillar.

Y con este nuevo 4 de Diciembre volveremos a tener una nueva muestra de tales silencios. Se hablará de la proximidad del no sé cuanto aniversario de la constitución española, se hablará del rey y de su legado, se hablará de la memoria histórica, de Franco y hasta de la virgen de la Inmaculada. Pero del 4 de diciembre de 1977 andaluz, ni una palabra. No se hará, por supuesto, en ningún medio estatal (a diferencia de cuando llega la diada o el Aberri Eguna), pero es que ni si quiera se hará en Canal Sur, “la nuestra”. Ni documentales, ni reportajes, ni noticias, nada de nada, se admiten apuestas. Un año más en que el que para todo el andalucismo es el día nacional de Andalucía quedará sepultado en el olvido. Ninguno de los múltiples eventos que serán organizados a lo largo de toda la nación será publicitado, ni antes, ni durante, ni después del acto. Ya no estamos en 1977, es evidente. Es más, salgan ustedes a la calle y pregunten a los andaluces que ocurrió aquel 4 de Diciembre de 1977, comprobarán que el 90% de los que tengan menos de 40 años no sabrán absolutamente nada de ello. ¿Casualidad? Evidentemente no.

Eso sí, no se atrevan, ni por un momento, a comparar la situación de 1977 con la panorámica actual. No sólo son dos contextos históricos bien diferentes, si no que, además, son dos procesos sociales y culturales totalmente opuestos. En aquella ocasión se luchaba por llevar a buen puerto la transición pacífica del franquismo a la democracia, por arrancar de las manos del estado una autonomía de primera, por ser escuchados. Actualmente no se lucha por nada, nos conformamos con el silencio. En aquel momento los andaluces (los de la calle) estábamos preocupados por nuestra autonomía, hoy día todo lo que nos preocupa es saber si Sergio Ramos estará en la próxima convocatoria de la selección española, si volverá un hombre a ser capaz de ganar el concurso de las coplas de Canal Sur, si los vascos y catalanes siguen empeñados en romper la unidad de España o si volverá a llover en la próxima feria de nuestro pueblo y/o ciudad. Pero de política andaluza, nada de nada.

Por eso en aquellos tiempos en el congreso de los diputados se habló andaluz y se defendió con uñas y dientes la conversión de Andalucía en nacionalidad histórica, la prensa estatal hablaba casi a diario de política andaluza y lo que ocurría aquí se seguía con interés por el resto de España. Y por eso, precisamente por eso, porque los andaluces estamos más preocupados por la política estatal que por la autonómica, actualmente en el congreso de los diputados no se habla de Andalucía, en la prensa estatal no se hace ninguna referencia a la política andaluza y en el resto de España ni se enteran de que aquí también habitamos gente que está dispuesta a darlo todo por defender los intereses de Andalucía. El andalucismo ha muerto para España, luego de haberse hecho el haraquiri en Andalucía. Todo un gozo para quienes quieren una Andalucía servicial y obediente, sumisa a los intereses del estado y anclada en la mediocridad política. Un dolor de cabeza menos para los amos de España, burguesía vasca y catalana incluida, por supuesto. Ellos, a diferencia de nosotros, si saben bien aquello de que el día que Andalucía grite, a España le revientan los oídos.

Entre tanto, el futuro no puede pintar peor. Leía recientemente en la prensa (que para esto sí que nos sacan) que se espera que el paro aumente hasta el 20% en los próximos meses. Un 20% nada menos, una cifra que marea sólo de leerla. Ignoro si habrá algún otro territorio en eso que llaman “el mundo desarrollado” que alcance semejantes niveles, pero lo dudo mucho. Son cifras más propias de un país del denominado “tercer mundo” que de una tierra que va ya, según nos han dicho, por la tercera o la cuarta “modernización”. Ante tal panorama, seguramente volverán los años de la emigración, si es que alguna vez se fueron. Porque ¿Quién, siendo andaluz de nacimiento, y teniendo entre 20 y 30 años, no conoce varios casos de personas de su entorno que tuvieron que abandonar su tierra natal para buscarse la vida fuera de Andalucía? Pero como no se fueron hacia Alemania, sino hacia Cataluña, Baleares, Madrid o la comunidad Valenciana, no cuentan como emigrantes. Tal vez ahora, que amenaza con venir un aluvión en masa de salidas forzosas, tengamos que volver a contabilizarlos como tales. Ya me dirán ustedes que otra salida queda ante el millón de parados que se prevé a medio plazo.

Pero los andaluces seguiremos encantados con el campeonato de Europa de fútbol que recientemente ganó España en Austria. Todos nuestros equipos de fútbol más representativos seguirán con la moda de poner la bandera roja y gualda en algún lugar de su camiseta, y los nacionalistas andaluces seguiremos siendo tachados de etarras y amigos de los terroristas, como de costumbre.

20% de paro, entérense, que España vuelve a necesitar mano de obra barata, para limpiar las casas, cuidar a los niños, trabajar los campos, llenar los puestos vacantes en los hoteles de temporada para limpiadores y otros menesteres, servir paellas, cocidos y butifarras. Y no están los tiempos para dejar entrar más negros/as, mulatos/as o latinos/as. Los andaluces/zas, por nuestra propia tradición, nos sobramos y nos bastamos para tales efectos.

En fin, aunque me he enrollado en exceso, en realidad sólo quería decirles que otro 4 de Diciembre se nos va a los andaluces entre silencios y llantos, entre olvidos y ocultaciones, entre paro y emigrantes, entre políticos traidores y entre medios de comunicación vendidos a la burguesía andaluza-española-vasca-catalana. Y esto lo he escrito hoy, vísperas del 4 de Diciembre de 2008, pero podría haberlo escrito cualquiera de los 4 de Diciembre de los últimos 25 años, y hubiera sido, poco más o menos, exactamente lo mismo.

Hace ya muchos años que los andaluces vivimos en constante silencio y olvido.

viernes, 15 de febrero de 2008

Feliz Carnaval 2009

Ya queda menos para el Carnaval 2009. Mientras tanto...


Silencio, hacerme el fagot (vulgo Los tristes)



La imagen marea un poco, pero son unos grandes.


Los cirujanos plásticos (cortesía de coronada)



Ya que el argüez amenaza con dejar de cantarle a chiquetete (¿será verdad?), es imprescindible dejar un pequeño testimonio de la obra a él dedicada.


Il Divo



Cupleses para todos.


El último escuadrón



Escuchen, escuchen esas voces de los niños de Nene Cheza.
Nos vemos el año que viene en el Falla, y en la calle.