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viernes, 14 de mayo de 2010

Novecento

"[il mare] È come un urlo gigantesco che grida e grida, e quello che grida è: 'banda di cornuti, la vita è una cosa immensa, lo volete capire o no? Immensa'".

Non era una di quelle persone di cui ti chiedi chissà se è felice quello. [...] Non ti veniva da pensare ce c'entrasse qualcosa con la felicità, o col dolore. Sembraba al di là di tutto, sembrava intoccabile.

Ho disarmato l'infelicità. Ho sfilato via la mia vita dai miei desideri. Se tu potessi risalire il mio cammino, li troveresti uno dopo l'altro, incantati, immobili, fermati lì per sempre a segnare la rotta di questo viaggio strano [...].

Alessandro Baricco

viernes, 7 de mayo de 2010

Más gentes

Añadimos a los compañeros de viaje varios dos nuevos espacios.
Por un lado el imprescindible Carmelo, el más gadita, altamente recomendable para quien aún no lo conozca. Temas de Cádiz y el mundo, Carnaval, claro, y sobre todo humor, eso que todos creemos tener y que mucho más tendríamos que practicar. Carmelo está desde ya en este blog y desde que él quiso aquí.
Y desde la Complutense de Madrid nos llegan las gentes de Sirenik, que en sus propias palabras "es una máquina, quiere ser una máquina, con efecto, con estructura, con mecanismo. Quiere funcionar. Sólo quiere funcionar". Parte y foco del Comité Invisible llevan desde aquí sus textos al mundo para darles "la oportunidad de convertirlos en acción no encauzada, y por lo mismo, generalmente llamada violenta".

jueves, 6 de mayo de 2010

Introducción a la guerra (civil)

(Banda sonora: 'It takes a nation of millions to hold us back', Public Enemy, abril 1988)


Y sí, a la guerra civil, porque todas las guerras lo son. Incluida esta permanente que padecemos. Esta guerra de la representación y el espectáculo, como ya nos enseñó aquel punki de Debord allá por ¡1967! Esta guerra contra los afectos, contra las palabras, contra nosotros, la guerra del individuo, del electrodo, de los yogures caducados, de la imposible apropiación de la vida.




Y sí, sufrimos una guerra que nos impide -casi- nacer, que nos prescribe el camino desde la primera hostia del médico, desde los tubos de luz fluorescente de los pasillos de los hospitales, desde la burocracia gris del registro, los bancos de las escuelas y sus rejas en las ventanas, el surrealismo indecente del trabajo asalariado, la mentira hipotecada y pedigüeña de la pensión, el odio inducido a todo lo ajeno. Pero la única salvación viene de fuera, de lo otro. Y los que permanecen despiertos en medio del sueño injusto de lo establecido son la pesadilla de los durmientes. Por eso van a por nosotros.

Y sí, el título de esta columna-panfleto no es original. Tomado y reapropiado está de unos escritos que aparecieron primero en francés y hace aproximadamente un año fueron traducidos y vertidos al castellano por la imprescindible editorial Melusina. Busquen, busquen en ese gran vertedero del espectáculo que llamamos internet. Como en todos los vertederos hallarán fogonazos, destellos, llamamientos, tesoros heroicos en este tiempo en el que nos cuentan que no hay lugar para los héroes.

Y sí, es una guerra que no ha hecho más que empezar. Una guerra sin pasado ni futuro, porque aquello que ha de resultar ha de ser necesaria y radicalmente 'otro' y 'nuevo'. Las palabras, los sentimientos, los lugares y las geografías, la libertad, todo aquello que hemos de habitar está por inventar, descubrir, construir.

Y sí, somos el enemigo invisible de esta guerra. Entre la desolación circundante, entre la podredumbre de una ilusión de civilización esclava que se desvanece, nos citamos en los bancos de los parques para conspirar, nos amamos en las orillas de los ríos para destruir la inercia, encontramos usos fecundos para los viejos rituales de la dominación. Ponemos el mundo patas abajo.

Y sí, hay una guerra (civil). También contra ti.

(Pablo Terradillos para ecijaldia.com, foto AP)

lunes, 26 de abril de 2010

De viajes y esperanzas

(Banda sonora, People are strange, The Doors)


Cierto es que viajar elimina caspa y telarañas. Diluye las certezas provincianas y ayuda al ojo a enfocar eso que llamamos realidad de otra manera, normalmente más amplia, normalmente para bien. Y aunque cada vez soporto menos el viaje turístico, me siento bien en los aeropuertos y estaciones cuando en el destino aguarda algún objetivo, algún quehacer concreto. Mezclarse con los lugareños ofrece la perspectiva no ya del viajero sino del nuevo vecino, casi me atrevo a decir que del recién nacido.

Así, mientras en las Españas que padecemos el affaire Garzón y las cenizas islandesas ocultan Gürtels, espionajes, política de la descalificación y un parlamentarismo cuanto menos paupérrimo, en otras latitudes ni han oído hablar de Fraga y sus intentos de apropiación, a base de palos y disparos de las fuerzas del orden, de las calles; ni les importan los cierres 'preventivos' de medios de comunicación por el simple hecho de no comulgar con las ruedas de molino de la mayoría oficialista; ni saben ni quieren saber de esa señora condesa consorte que comparte apellido con un ilustre y nada convencional poeta y parece empeñada en desmantelar el poco Estado del Bienestar conseguido, y aún a veces zancadillea a sus propios compañeros de ¿ideología?/partido político en una suerte de malabarismo cuasi sadomasoquista que lleva a preguntarse por su equilibrio mental.

En ocasiones, y se me viene a la memoria un no tan reciente viaje a la cordillera andina, esta lejanía de la península donde habitualmente siento mis bases ayuda a recuperar fuerzas y esperanzas. Tiene uno la ocasión de compartir experiencia y acción con gentes que le enseñan nuevas realidades y nuevas formas de cambiarlas a mejor. Gentes llenas de ánimos, con ideas que se abren paso en la dificultad y que consiguen transformar el estado de las cosas. Y en otras ocasiones, como esta en que me encuentro en Rusia, las esperanzas se le caen a uno, y comparte entonces aquello que le decía Antonio Gramsci a su amada Yulca: “El mundo es un lugar grande y terrible”. Viene esto al caso porque aquí en las Rusias he encontrado un país entregado al consumismo más cutre, una sociedad absolutamente desentendida de sus pasados, presentes y futuros, totalmente despolitizada (es decir, entregada al poder) y con dos, me parece, problemas de dimensión absolutamente global y para nada doméstica: el militarismo intervencionista y el estado policial por un lado, y un problema de salud en forma de contaminación y plena ausencia de conciencia sobre sus, ya patentes, peligros. Seguro que hay gentes luchadoras y maravillosas que sí se preocupan y actúan. Yo trabajo en una universidad 'de provincias' y no las he encontrado. Y mis esperanzas se resienten.



(Pablo Terradillos, para ecijaldia)

viernes, 26 de marzo de 2010

Fantasmas de la estepa

La cosa va como sigue: esta mañana venía a la Universidad Federal de Siberia, Krasnoyarsk, donde este panfleto se ha trasladado, el clásico grupo de estudiantes de instituto para la típica sesión de orientación y propaganda de la Universidad. Como servidor es ahora la mascota del departamento de español, me llevaban cual atracción de feria. Y me pidieron que pusiera de fondo algo de música española. Pero no había conexión a internet, así que eché mano de la maleta y los únicos cds que encontré fueron los de Los Fantasmas en el Pemán. Y esta es la breve historia de cómo el Carnaval de Cádiz en una de sus mejores versiones sonó por los pasillos y aulas de la Universidad Federal de Siberia, para asombro de muchos a los que, en vano me temo, traté de explicar qué carajo es eso del Carnaval. Salud.

(el vídeo es cortesía, o sea mangaso, de guashilandia, sintonícelo en su youtube señora)