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jueves, 24 de junio de 2010

¿Ha hecho comentarios sobre su intención de tomar parte en algún acto violento?

BIG BROTHER IS WATCHING YOU



Entre los logros de la Presidencia española de la Unión Europea, ha pasado prácticamente desapercibida la aprobación de un programa de vigilancia y recolección sistemática de datos personales de ciudadanos sospechosos de experimentar un proceso de “radicalización”. Este programa puede dirigirse contra individuos involucrados en grupos de “extrema izquierda o derecha, nacionalistas, religiosos o antiglobalización”, según figura en los documentos oficiales.


El pasado 26 de abril, el Consejo de la Unión Europea reunido en Luxemburgo abordó el punto del orden del día titulado “Radicalización en la UE”, que concluyó con la aprobación del documento 8570/10. La iniciativa forma parte de la estrategia de prevención del terrorismo en Europa, y se concibió inicialmente para grupos terroristas islámicos. Sin embargo, el documento extiende la sospecha de tal forma y en términos tan genéricos que da cobertura a la vigilancia policial de cualquier individuo o grupo sospechoso de haberse radicalizado. Así, un activista de una organización civil, política o ciudadana, sin vínculos con el terrorismo, podría ser espiado en el marco de un programa que invita a investigar desde el “grado de compromiso ideológico o político” del sospechoso, hasta si su situación económica es de “desempleo, deterioro, pérdida de una beca o de ayuda financiera”.

El documento aprobado recomienda a los Estados miembros que “compartan información relativa a los procesos de radicalización”. ¿Qué entiende la UE por radicalización? El texto debería definir el concepto, pues eso permitiría acotar la vigilancia al ámbito del terrorismo islamista, pero no lo hace. Se insta, por el contrario, a considerar entre los objetivos a todo tipo de defensores de ideas heterodoxas. El acuerdo pone también bajo la lupa policial a ciudadanos que defiendan las ideas radicales clásicas, las de aquellos partidarios del reformismo democrático que tanto bien han hecho a la democracia. Incluso podría aplicarse contra quienes se consideren radicales en sentido etimológico, pues “radical” es, ni más ni menos, el que aborda los problemas en su raíz.

El acuerdo pulveriza el espíritu europeo de tolerancia hacia todas las ideas, siempre que se defiendan mediante la palabra pues, en su afán de prevenir el terrorismo, amplia el abanico de sospechosos hasta diluir la notable diferencia entre los medios con que se defienden las ideas y las ideas mismas.

El programa completo de vigilancia está recogido en un documento anterior, el 7984/10, titulado “Instrumento para almacenar datos e información sobre procesos de radicalización violenta”, de marzo de este año. Casualmente, a este texto se le dio carácter confidencial, y sólo se ha conocido gracias a que la organización de defensa de las libertades civiles statewatch.org ha tenido acceso a él y lo ha hecho público. La ONG denuncia que este programa “no se dirige en primer lugar hacia personas o grupos que pretendan cometer atentados terroristas, sino a gente que tiene puntos de vista radicales, a los que se define como propagadores de mensajes radicales”.

Entre los objetivos del documento secreto figura “combatir la radicalización y el reclutamiento”, e incluye alusiones relativas a la persecución de quienes inciten al odio o a la violencia que sí parecen dirigidas a grupos terroristas o filoterroristas. Sin embargo, éstas resultan innecesarias, pues ya están castigadas en la legislación penal de los países europeos. El texto alude indistintamente a la “radicalización” y la “radicalización violenta”, asociando el recurso a la violencia con todo tipo de ideas extremas o antisistema. El documento invita a los gobiernos a vigilar “los mensajes de radicalización” hasta un punto rayano en la vulneración de la libertad de expresión. El programa invita a escrutar las audiencias a las que se dirigen los mensajes radicales, si éstos apoyan o no la violencia, si existen otros grupos con las mismas ideas que renieguen de la violencia, cómo se transmiten los mensajes radicales, etc.

Al descender al detalle de la vigilancia individual, recomienda investigar incluso los sentimientos de las personas que militen en grupos sospechosos, mediante planteamientos como el que insta a recabar información sobre los “sentimientos de la persona en relación con su nueva identidad colectiva y los miembros del grupo”. Y con preguntas como: “¿Ha hecho la persona comentarios sobre asuntos, principalmente de naturaleza política, usando argumentos basados en mensajes radicales? ¿Ha hecho comentarios sobre su intención de tomar parte en un acto violento?”. De este modo, el acuerdo abre una peligrosa vía de persecución de las ideas, los argumentos y hasta los estados de ánimo.

La reunión en la que se aprobó este programa de vigilancia ciudadana estuvo presidida por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ya que España ostentaba la Presidencia de turno de la UE. Asistió también el secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, así como la mayor parte de los ministros de Asuntos Exteriores comunitarios.

(visto aquí)

jueves, 6 de mayo de 2010

Introducción a la guerra (civil)

(Banda sonora: 'It takes a nation of millions to hold us back', Public Enemy, abril 1988)


Y sí, a la guerra civil, porque todas las guerras lo son. Incluida esta permanente que padecemos. Esta guerra de la representación y el espectáculo, como ya nos enseñó aquel punki de Debord allá por ¡1967! Esta guerra contra los afectos, contra las palabras, contra nosotros, la guerra del individuo, del electrodo, de los yogures caducados, de la imposible apropiación de la vida.




Y sí, sufrimos una guerra que nos impide -casi- nacer, que nos prescribe el camino desde la primera hostia del médico, desde los tubos de luz fluorescente de los pasillos de los hospitales, desde la burocracia gris del registro, los bancos de las escuelas y sus rejas en las ventanas, el surrealismo indecente del trabajo asalariado, la mentira hipotecada y pedigüeña de la pensión, el odio inducido a todo lo ajeno. Pero la única salvación viene de fuera, de lo otro. Y los que permanecen despiertos en medio del sueño injusto de lo establecido son la pesadilla de los durmientes. Por eso van a por nosotros.

Y sí, el título de esta columna-panfleto no es original. Tomado y reapropiado está de unos escritos que aparecieron primero en francés y hace aproximadamente un año fueron traducidos y vertidos al castellano por la imprescindible editorial Melusina. Busquen, busquen en ese gran vertedero del espectáculo que llamamos internet. Como en todos los vertederos hallarán fogonazos, destellos, llamamientos, tesoros heroicos en este tiempo en el que nos cuentan que no hay lugar para los héroes.

Y sí, es una guerra que no ha hecho más que empezar. Una guerra sin pasado ni futuro, porque aquello que ha de resultar ha de ser necesaria y radicalmente 'otro' y 'nuevo'. Las palabras, los sentimientos, los lugares y las geografías, la libertad, todo aquello que hemos de habitar está por inventar, descubrir, construir.

Y sí, somos el enemigo invisible de esta guerra. Entre la desolación circundante, entre la podredumbre de una ilusión de civilización esclava que se desvanece, nos citamos en los bancos de los parques para conspirar, nos amamos en las orillas de los ríos para destruir la inercia, encontramos usos fecundos para los viejos rituales de la dominación. Ponemos el mundo patas abajo.

Y sí, hay una guerra (civil). También contra ti.

(Pablo Terradillos para ecijaldia.com, foto AP)

jueves, 11 de marzo de 2010

¿Qué pasa en Grecia?

 












aquí se habla de asesinato policial y aquí de organización terrorista.
Lambros Foundas está muerto, y ¿qué pasa en Grecia?

jueves, 19 de noviembre de 2009

El batallón Mackenzie-Papineau


Este año se cumplieron 70 años de la disolución del Batallón de Internacionalistas canadienses Mackenzie-Papineau, que luchó en la defensa de la República en suelo español durante la Guerra Civil. Siete decenios de lo que fuera la relación más honorable que hayan tenido como naciones Canadá y España en su historia. Pero es una historia que se ha ocultado y se ha tratado de olvidar, incluso aunque viva en algún libro, en la memoria de veteranos y familiares y en la gente de izquierda de este país y de España.

Sobre la historia de los Internacionalistas canadienses del Batallón Mackenzie-Papineau que pelearon en la Guerra Civil española en favor de la República se han escrito cuatro libros, el último y quizás el más completo fue el de Michael Petrou, que incluye entrevistas a sobrevivientes del Batallón, además de documentos de la Internacional Comunista en Moscú y materiales de la Policía Federal canadiense.

La historia de los brigadistas canadienses comienza cuando la Unión Soviética, la única en hacerlo, ofrece su ayuda al Frente Popular de España, que había sido democráticamente elegido al gobierno en 1936. El Frente Popular estaba enfrentando un golpe de estado, agredido por fuerzas nacionales y fascistas encabezadas por el general Franco. La Unión Soviética se solidariza con el Frente Popular. Otras naciones, incluido Canadá, no le prestaron asistencia alguna a la naciente República española y su legítimo gobierno, sino que hasta prohibieron la solidaridad de los canadienses con ella. Mientras Hitler y Mussolini habían comenzado a enviar hombres y materiales de guerra a las fuerzas fascistas de Franco en España, el mundo le niega toda ayuda solidaria a la República.

Los primeros canadienses que viajaron a luchar en defensa del gobierno español legítimo se enlistaron en el Batallón Abraham Lincoln y en el Batallón George Washington y partieron desde los Estados Unidos. En cada batallón iban 44 brigadistas canadienses. En abril de 1937 el gobierno canadiense aprueba una ley que prohíbe a cualquier ciudadano canadiense participar en guerras en el extranjero, y además prohíbe la exportación de armas. La ley dejaba muy mal parados a los brigadistas solidarios que, para salir del país, tenían que inventar falsos pretextos y mentir.

Los postulantes a las Brigadas eran muchos y se reunían en Toronto, donde eran seleccionados más que nada en base a su historia personal de participación y al trabajo político hecho en la izquierda. Mas del 60 por ciento de los elegidos fueron mayores de 30 años de edad. Los brigadistas canadienses eran trabajadores, a diferencia de los británicos y de los estadounidenses que eran mayormente estudiantes e intelectuales. Eran obreros que habían experimentado ya la persecución en su país en los tiempos de la Gran Depresión y muchos de ellos conocían por experiencia propia el encierro en los campos de trabajo (Relief Camps).

Más del 75 por ciento de los brigadistas canadienses eran miembros del partido Comunista de Canadá, los demás eran socialistas del CCF , liberales del partido Liberal y algunos no tenían filiación partidista. Los brigadistas entendieron muy bien lo que significaba el conflicto en España, sabían la repercusión que podría tener en el mundo; se enfrentaban al fascismo naciente. Comenzaron su viaje desde los puertos de Montreal y Nueva York, de allí partían a Francia y cruzaban a España. Además de los brigadistas, otros grupos progresistas apoyaron desde Canadá la lucha de la República española contra el fascismo a través de los “Comités de apoyo a la Democracia española”.

Desde Francia, los brigadistas cruzaban los Pirineos a pie, muchos sin calzado adecuado. Recibían un mínimo de instrucción militar en Albacete, a 250 kilómetros de Madrid. Se integraban entonces a la XV Brigada Internacional. Su primera acción en la guerra tuvo lugar en Jarama, cerca de Madrid, entre febrero y junio de 1937. Allí perdieron nueve hombres. Luego, dos meses después, se forma el Batallón Mackenzie-Papineau, bajo el comando de Edward Cecil-Smith, periodista, escritor y sindicalista de Montreal. Es el tercer batallón de la XV Brigada Internacional. En febrero de ese mismo año la Liga de Naciones prohíbe la participación de voluntarios extranjeros en la Guerra Civil de España -había ya unos 1.200 canadienses involucrados en el conflicto armado-.

El Batallón Mackenzie-Papineau fue el de contingente más numeroso, siguiendo al de Francia, en proporción a la población de ambos países. Participaron en las batallas de Aragón, entre agosto y octubre de 1937, de Teruel en diciembre del mismo año y abril de 1938, y del Ebro, Cataluña, entre julio y septiembre de 1938. Los brigadistas canadienses lucharon con gran entusiasmo y disciplina, pese a la adversidad de que el enemigo que enfrentaban contaba con el apoyo de Alemania nazi y de la Italia fascista, aparte del apoyo tácito del resto de las naciones occidentales que nada hicieron en favor de la República española sino que al contrario trataron de evitar le llegara cualquier ayuda solidaria.

Las victorias fueron pocas; la derrota final incluye una retirada masiva a fines de 1938. El 21 de septiembre el Primer Ministro español Juan Negrín obliga a las Brigadas Internacionalistas a abandonar el país. Lo hace en parte porque ve el final inevitable y en parte porque, quizás muy inocentemente, piensa que al hacerlo Hitler y Mussolini puede retiren su apoyo al Frente Nacional de Franco. El Batallón Mackenzie-Papineau deja de existir en enero de 1939, y los brigadistas canadienses abandonan España. Seis meses después cae Madrid, consolidando el triunfo fascista y el principio de la dictadura de Franco -Caudillo de España por la gracia de Dios, que ha de durar desde 1939 hasta 1975.

Cuando Stalin firma su pacto con Hitler en agosto de 1939 en Moscú, la idea era prohibir a los comunistas luchar contra las tropas nazis, pero muchos veteranos del Batallón Mackenzie-Papineau ignoraron esta orden y se enlistaron en la resistencia francesa. La Resistencia francesa, durante la Segunda Guerra Mundial, incluyó entre los suyos al comandante del Mackenzie-Papineau, Edward Cecil-Smith.

De los 1.546 canadienses conocidos que lucharon en la Guerra Civil de España, 721 perdieron sus vidas, cifra no muy exacta. Los sobrevivientes brigadistas encontraron dificultades en volver, se las puso el gobierno canadiense que los había catalogado antes como “prematuros antifascistas”. Algunos fueron arrestados en Francia e incluso al retornar a Canadá en diferentes tiempos. La policía federal canadiense los investigó, catalogó de “politicamente sospechosos” y se les negó hasta el empleo durante mucho tiempo.

Los canadienses que murieron luchando en la guerra civil de España no fueron incluidos en el Libro de Conmemoración en la Torre de la Paz y su sacrificio no es conmemorado aún en las ceremonias del día de los veteranos de guerra, que se celebran cada año el 11 de noviembre. No se les otorgó tampoco ninguno de los beneficios que reciben los veteranos de guerra. Pese al olvido que se ha tratado de imponer desde el poder, se les han levantado dos monumentos en Canadá, uno está en Victoria (British Columbia) y el otro en la capital, Ottawa. Se incluyen allí los nombres de los 1.546 voluntarios brigadistas y entre ellos figura el Doctor Norman Bethune, uno de los pocos brigadistas que ha recibido algún reconocimiento por crear una unidad médica móvil en los campos de batalla. Es el mismo Bethune revolucionario que fue un héroe durante la Revolución China, miembro del ejército de Mao, y murió en la región de Tang en 1939.

España parece hoy distante de la Guerra Civil y de Franco -su nombre prohibido en referencias públicas desde el 2007, sus estatuas retiradas o en plan de ello, el generalísimo retirado de las calles, sus memoriales y sus símbolos prohibidos o en retirada-. Está claro que esto se debe no sólo por sus numerosísimas violaciones a los derechos humanos sino también por su fascismo, sus visibles vínculos con Hitler y Mussolini.

Lejanos están también, sin embargo, los otros, los que motivados por principios e ideales de solidaridad, y en condiciones bastante precarias, lucharon contra Franco y el fascismo. Aquellos que cruzaron el océano para hacerlo y alistaron su corazón para morir en el conflicto, en el que efectivamente una mitad de ellos perdería la vida. Hoy Canadá y España pertenecen al “club de los países desarrollados,” club al que muchos aspiran en el mundo. Se llaman a sí mismos democráticos aunque cumplen compromisos imperialistas sin protestar, invadiendo pueblos pobres y gentes que luchan con lo que tienen puesto. Pero se jactan de alguna forma luego de hacerlo diciendo estar promoviendo la democracia y la paz en el mundo.

Ha muerto la España republicana de los años 30, ni ella ni la Europa occidental de hoy son las de entonces. Aunque su futuro sea hoy incierto, cuentan sus ciudadanos con beneficios provistos por el estado de bienestar social. Son beneficios que tienen pero que sus gobiernos no permiten tengan sus parientes europeos pobres en el Este. Allí en el Este el fascismo crece, se trata de un fascismo que la Europa moderna tampoco condena, ni aún cuando comienza a implementar con energía su propia inquisición.

Es que hasta hoy el totalitarismo no ha sido cuestionado en realidad más que desde la izquierda verdadera. Por lo demás se ha construido sobre el totalitarismo como si nada, y vive debajo de toda esa estructura, está tangible, lo trasmiten los medios de comunicación cuando veneran el éxito económico y el consumismo y cuando culpan del crimen y la crisis a inmigrantes y minorías visibles.

Entonces me viene a la memoria un adolescente asturiano que a principios del siglo 20 abandonó su tierra y cruzó el mar para llegar al sur de América. Mi abuelo inmigrante que, sin hacer fortuna, vivió una vida tranquila y sin persecución ni culpa, nadie lo cuestionó por emigrar en busca de una vida mejor. Son pocos hoy los que en España defienden los derechos de los inmigrantes y solidarizan con los pueblos del tercer mundo, no me cabe duda que quienes lo hacen son la mejor gente.

Durante el largo y oscuro reinado de Franco, la represión y la manipulación ideológica se encargaron de controlarlo todo. Miles fueron asesinados inmediatamente -otros luego en las tres décadas y más de fascismo-. Entre los muertos uno asesinado en 1940, presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluis Companys, capturado luego de la caída de la República por la Gestapo en Francia y devuelto a Franco que lo ejecutó sumariamente, dijo: “Matan aquí a un hombre honorable. Por Cataluña”.
No se equivocaba. Recorriendo pintorescos caminos en Sant Gregori, con su calle en honor a Companys, o en Besalú, un castillo medieval donde se enfrentó la República con el Fascismo en Cataluña, aprecio en silencio el esfuerzo de esos internacionalistas que lucharon y murieron con honor. De todas partes llegaron, se convocaron en España a defender la República y el honor en nombre de todos. Lucharon ayer y luchan hoy contra quienes con falsos símbolos defienden las más oscuras tradiciones del totalitarismo y la opresión.

Mario R. Fernández, en Rebelión

(más info aquí y aquí)

viernes, 9 de octubre de 2009

¿Piratas?

Los "piratas" somalíes son pescadores en lucha contra el saqueo occidental de la pesca de arrastre y la descarga de basura tóxica

Najad Abdullahi/Johann Hari /Mohamed Abshir Waldo
Al Jazeera English/Huffington Post/WardheerNews



La comunidad internacional condenó con fuerza y declaró la guerra a los piratas-pescadores somalíes, mientras protege discretamente las operaciones de sus flotas dedicadas a la Pesca Ilegal No Declarada y No Reglamentada (IUU, por su sigla en inglés) procedentes de todo el mundo, que pescan furtivamente y, además, descargan basura tóxica en aguas somalíes desde que cayó el gobierno de ese país hace 18 años. Cuando colapsó el gobierno de Somalia, en 1991, los intereses extranjeros aprovecharon la oportunidad para comenzar a saquear las fuentes alimentarias del mar del país y a utilizar las aguas sin vigilancia como vertedero de basura nuclear y tóxica.

Según el Grupo de Trabajo de Alta Mar (HSTF, su sigla en inglés), en 2005 más de 800 barcos pesqueros IUU operaban al mismo tiempo en aguas de Somalia, aprovechándose de la incapacidad del país de vigilar y controlar sus propias aguas y zonas de pesca. Los barcos IUUs arrasan anualmente con un estimado de 450 millones de dólares en mariscos y peces del mar somalí. Al obrar así, roban una fuente inestimable de proteína a una de las naciones más pobres del mundo y arruinan el sustento legítimo de vida de los pescadores.

Los reclamos contra la descarga de basura tóxica, así como la pesca ilegal, han existido desde principios de los años 90, pero las pruebas físicas emergieron cuando el tsunami de 2004 azotó el país. El Programa del Ambiente de Naciones Unidas (UNEP, por su sigla en inglés) reportó que el tsunami reventó la herrumbre de los contenedores de basura tóxica que se vararon a orillas de Puntland, en el norte de Somalia.

Nick Nuttall, portavoz del UNEP, dijo a la cadena árabe Al-Yazira que cuando los envases fueron rotos y abiertos por la fuerza de las olas, los contenedores expusieron a la luz una “actividad espantosa” que se había estado llevando a cabo por más de una década. “Somalia está siendo utilizada como vertedero para desechos peligrosos desde comienzos de los años 90, y continuó con la guerra civil desatada en ese país”, dijo. “La basura es de muy diversas clases. Hay desechos radioactivos de uranio, la basura principal, y metales pesados como cadmio y mercurio. También hay basura industrial, desechos de hospital, basuras de sustancias químicas y lo que se desee nombrar”.

Nuttall también dijo que desde que los contenedores llegaron a las playas, centenares de residentes han caído enfermos, afectados por hemorragias abdominales y de boca, infecciones en la piel y otras dolencias. “Lo más alarmante aquí es que se está descargando basura nuclear. La basura radiactiva de uranio está matando potencialmente a los somalíes y está destruyendo totalmente el océano”, dijo.

Ahmedou Ould-Abdallah, enviado de la ONU para Somalia, dijo que en la práctica el petróleo contribuyó a la guerra civil de 18 años en Somalia, pues las compañías pagan para descargar su basura a los ministros del gobierno y/o a los líderes de la milicia. “No hay control gubernamental… y sí hay pocas personas con alta base moral…, están pagándole a gente encumbrada, pero a causa de la fragilidad del “gobierno federal transitorio”, algunas de estas corporaciones ahora ni siquiera consultan a las autoridades: simplemente descargan su basura y se van”.

En 1992 los países miembros de la Unión Europea y otras 168 naciones firmaron la Convención de Basilea, sobre el control de movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su almacenamiento. El convenio prohíbe el comercio de basura entre los países signatarios, así como también a los países que no hayan firmado el acuerdo, a menos que haya sido negociado un acuerdo bilateral. También prohíbe el envío de desechos peligrosos a zonas de guerra.

Asombrosamente, la ONU ha desatendido sus propios principios y ha ignorado súplicas somalíes e internacionales para detener la devastación continua de los recursos marinos somalíes y la descarga de basura tóxica. Las violaciones también han sido largamente ignoradas por las autoridades marítimas de la región. Éste es el contexto en el que aparecieron los hombres que estamos llamando “piratas”.

Hay acuerdo en que al principio los pescadores somalíes ordinarios fueron quienes usaron lanchas rápidas para intentar disuadir a los barcos descargadores y rastreadores, o por lo menos aplicarles un “impuesto”. Se llamaron a sí mismos “Guardacostas Voluntarios de Somalia”.

Uno de los líderes de los piratas, Sugule Ali, explicó que su motivo fue “poner alto a la pesca ilegal y a las descargas en nuestras aguas… No nos consideramos bandidos del mar. Consideramos que los bandidos del mar [son] quienes pescan ilegalmente y descargan basura, y portamos armas pero en nuestros mares”.

El periodista británico Johann Hari observó en el Huffington Post que, mientras nada de esto justifica la toma de rehenes, los “piratas” tienen, de manera aplastante, el apoyo de la población local que les da la razón. El sitio web independiente WardherNews (1), de Somalia, condujo la mejor investigación que tenemos sobre qué está pensando el somalí ordinario. Encontró que el 70% “apoya fuertemente la piratería como una forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país”.

En vez de tomar medidas para proteger a la población y las aguas de Somalia contra las transgresiones internacionales, la respuesta de la ONU a esta situación ha sido aprobar resoluciones agresivas que dan derecho y animan a los transgresores a emprender la guerra contra los piratas somalíes.

Un coro de países que demanda endurecer la acción internacional condujo a una precipitación naval multinacional y unilateral por invadir y tomar el control de las aguas somalíes. El Consejo de Seguridad de la ONU (algunos de cuyos miembros pueden tener muchos motivos ocultos para proteger indirectamente a sus flotas pesqueras ilegales en aguas somalíes) aprobó las resoluciones 1816, en junio de 2008, y 1838, en octubre de 2008, que “invitan a los estados interesados en la seguridad de las actividades marítimas a participar activamente en la lucha contra la piratería en alta mar fuera de las costas de Somalia, particularmente desplegando buques de guerra y aviones militares…”

La OTAN y la Unión Europea han publicado órdenes al mismo efecto. Rusia, Japón, India, Malasia, Egipto y Yemen se han unido a la batalla, junto con un número cada vez mayor de países.

Durante años, las tentativas realizadas para controlar la piratería en los mares del mundo a través de resoluciones de la ONU no pudieron aprobarse, en gran parte porque las naciones miembro sentían que tales acuerdos afectarían a su soberanía y seguridad. Los países son poco proclives a ceder el control y patrullaje de sus propias aguas. Las resoluciones 1816 y 1838 de la ONU, a las que se opusieron algunas naciones de África Occidental, del Caribe y Sur América, por consiguiente fueron acordadas para aplicarse solamente a Somalia, un país que no tiene ninguna representación en las Naciones Unidas con fuerza como para exigir enmiendas destinadas a proteger su soberanía. Igualmente, fueron ignoradas las objeciones de la sociedad civil somalí al proyecto de resolución, que no hizo ninguna mención a la pesca ilegal ni a los peligros de la descarga de basura.

Hari preguntó: “¿Esperamos que los somalíes hambrientos permanezcan pasivamente en sus playas, remando entre nuestra basura nuclear, y nos observen cómo les arrebatamos sus peces para comérnoslos en restaurantes de Londres, París y Roma? No hemos actuado contra esos crímenes. Pero cuando algunos pescadores respondieron interrumpiendo el tránsito por el corredor marítimo del 20% del suministro de petróleo del mundo, comenzamos a chillar sobre esta “maldad”. Si realmente queremos ocuparnos de la piratería, necesitamos extirpar la raíz que la causa -nuestros crímenes-, antes de enviar a las cañoneras a despejar la ruta de criminales somalíes”.

Actualización de Mohamed Abshir Waldo (de “WardheerNews”)

Las crisis de piratería múltiple en Somalia no ha disminuido desde mi artículo anterior, “Las dos piraterías en Somalia: ¿Por qué una palabra ignora a la otra?”, publicado en diciembre de 2008. Continúa con nuevos bríos toda la piratería ilegal de pesca, la descarga de basura y el tráfico marítimo ilegal. Los pescadores somalíes, convertidos en piratas como reacción a la pesca furtiva masiva extranjera armada, han intensificado su guerra contra toda clase de naves en el golfo de Adén y el Océano Índico.

En una respuesta internacional, los gobiernos extranjeros, las organizaciones internacionales y los grandes medios de información se han unido en demonizar a Somalia y en describir a sus pescadores como hombres malvados que sorprenden a las naves y aterrorizan a los marineros (aunque no se ha dañado a ninguno). Esta presentación es torcida. Los grandes medios dijeron relativamente poco sobre las otras piraterías, la de la pesca ilegal y la descarga de basura.

Las marinas de guerra aliadas del mundo –con una flota superior a 40 buques de guerra, de ellos 10 asiáticos, árabes y de países africanos, así como de muchas naciones miembros de la OTAN y de la Unión Europea– intensificaron su cacería de pescadores-piratas somalíes, sin importar si realmente practican la piratería o a la pesca normal en las aguas somalíes.

Las diversas reuniones del Grupo Internacional de Contacto para Somalia (ICGS, por su sigla en inglés) en Nueva York, Londres, El Cairo y Roma continúan intensificando la demonización de los pescadores somalíes e impulsan otras acciones punitivas, sin una sola mención a las violaciones de la pesca ilegal y la descarga tóxica de buques con bandera de aquellos mismos países que se sientan en los foros del ICGS y de la ONU para juzgar a la piratería.

En la reunión anti-piratería del ICGS en El Cairo, el 30 de mayo de 2009, Egipto e Italia fueron los países que más insistieron en pedir un castigo severo a los piratas-pescadores somalíes. Mientras estos países ICGS se reunían hoy en Roma (10 de junio de 2009), la comunidad local de la ciudad costera somalí de Las Khorey retuvo a una gabarra italiana y a dos barcos rastreadores egipcios abarrotados de peces capturados ilegalmente en aguas somalíes, que a la vez remolcaban dos enormes tanques sospechosos de contener basura tóxica o nuclear. La comunidad de Las Khorey invitó a los expertos internacionales a que vinieran a investigar estos casos, pero hasta ahora no hubo respuesta a la invitación.

Debe señalarse que la IUU (sigla en inglés de Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada) y la descarga de desechos están ocurriendo también en otros países africanos. Costa de Marfil es otra víctima importante de la descarga tóxica internacional.

Se dice que los actos de piratería realmente son actos de desesperación y, como en el caso de Somalia, un hombre transformado en pirata a la vez es guardacostas.

Notas:

1) http://wardheernews.com/Editorial/editorial_54.html

*) Fuentes:
Al Jazeera English, 11 de octubre de 2008, “Toxic waste behind Somali piracy”, por Najad Abdullahi; Huffington Post, 4, de enero de 2009, “You are being lied to about pirates”, por Johann Hari; y WardheerNews, 8 de enero de 2009, “The Two Piracies in Somalia: Why the World Ignores the Other”, por Mohamed Abshir Waldo.

Estudiante investigador: Christine Wilson
Evaluador académico: Andre Bailey, EOP Advisor
Sonoma State University

Traducción de Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)
Fuente original: http://www.argenpress.info/2009/10/proyecto-censurado-los-piratas-somalies.html

(visto en Rebelión)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Storia disinvolta de las guerras de Indochina (I)


Prólogo
Aquel que permanece despierto cuando todos duermen

¿Cuántos nombres ha tenido? ¿Y cuántas vidas?

Nace Nguyen Sinh Cung, en la provincia de Nghe Tinh, Vietnam central, Indochina francesa. Es el año 1890.
La suya es una tierra árida, pobre y superpoblada, en poder de tempestades y tifones. Sobre sus habitantes circula un pequeño chiste, ‘el pez de madera’: cuando un hombre de Nghe Tinh viaja en busca de trabajo, lleva consigo un falso pez. En las posadas apenas puede permitirse un cuenco de arroz y una escudilla de salsa nuoc-mam, y para no parecer demasiado pobre mete el pez en el condimento. Además, impregna la madera en la salmuera, y durante el camino la puede ir chupando para engañar al hambre.
El padre de Cung, Nguyen Sinh Huy, es un extraño tipo de desgreñado indochino: tiene innumerables trabajos, desde guardián de búfalos a mozo de fábrica, hasta que no aprueba una oposición y se convierte en maestro de escuela. En 1905 pasa a ser secretario del ministerio de ceremonias, en el palacio imperial de Hué. Más tarde es ascendido a subprefecto de Binh Khe, pero odia ambos cargos. Es frecuente oírlo imprecar contra los mandarines. Evidencia un desprecio tal por la clase de los notables que los franceses deciden destituirlo.
Pasará el resto de su vida vagabundeando por la Indochina, volverá a hacer alguna suplencia, y también improvisará como médico y escribano público. Un hombre libre y respetado. En la edad tardía los amigos más jóvenes le llamarán ‘Tío’. Morirá en 1930, en una pagoda de la Conchinchina occidental.
Hay cosas que pasan de padre a hijo como por un trasvase mágico. El hombre de los mil nombres hereda el carisma, la propensión a la vida errante, el odio por los colonialistas y colaboracionistas y, no por último, un apodo.

Al cumplir 10 años, Huy rebautiza a su propio hijo Nguyen Tat Thanh. Es una costumbre común, en Vietnam.
Thanh realiza sus estudios en un clima de rencor y tensión: son los años de las corveas obligatorias, los hombres son enrolados a la fuerza en sus poblados para trabajar en la carretera Hué-Vinh. Muchos desertan, sus familias también se esconden. Son además años de revueltas nacionalistas reprimidas en sangre.
A los 21 años Thanh está en Saigón, donde se embarca como calderero y cocinero en una nave de carga francesa, la Latouche Tréville. Dice llamarse Van Ba. En los dos años de servicio hace escala en Orán, Dakar, Diego Suárez, Port Said, Alejandría... En todas estas ciudades los colonialistas se comportan como en Indochina. Por primera vez, Ba percibe los límites del nacionalismo y la “dimensión global” (que diríamos hoy) del problema.
En 1913 hace escala en San Francisco, luego en Boston. En Brooklyn se queda casi un año. Constata que a los inmigrantes chinos de Harlem, con los que discute en cantonés, se les garantizan los mismos derechos que a los otros ciudadanos americanos. Hasta su muerte tendrá un sentimiento ambivalente sobre Estados Unidos, país de gran tradición democrática y sin embargo potencia militarista e imperalista.
En vísperas de la Primera Guerra Mundial está en El Havre, donde abandona para siempre la vida marítima. Pierde un poco de tiempo holgazaneando y haciendo de jardinero, después atraviesa el Canal y se establece en Londres.
En la neblinosa metrópoli donde Marx fue exiliado, Thanh frecuenta a los socialistas y a los nacionalistas irlandeses. Se adhiere al Lao Dong Hoy Ngai (‘trabajadores de ultramar’), una organización clandestina de radicales asiáticos. Trabaja como quitanieves, después como lavaplatos, finalmente como ayudante de cocina en el hotel Carlton. El chef, el gran Georges Auguste Escoffier, le asciende al rango de pastelero.
Rápidamente se da cuenta de que si se queda en Londres no puede hacer nada por su propio país. Debe meterse en el vientre de la bestia, donde viven más de cien mil inmigrantes vietnamitas.
En 1917, pocos días antes de la Revolución de Octubre, el hijo del ex guardián de búfalos llega a París con el nombre de Nguyen Ai Quoc (Nguyen el patriota).
Su vida va a cambiar para siempre. A duras penas se las arregla como retocador de fotografías, pero qué importa. Está en el París de los dadaístas, capital cultural de occidente, donde va descubriendo las tradiciones humanistas, socialistas y revolucionarias del pueblo que creía su enemigo.
¡Así que los franceses no son todos jefecillos y gendarmes! Lee los libros de Hugo y Zola, frecuenta a los socialistas y radicales, se hace amigo del futuro premier León Blum.

En 1920 nace el Partido Comunista Francés: Quoc se adhiere. Ha intuido que desde la Unión Soviética va partiendo una onda sísmica, aquella que en poco más de cuarenta años arrollará los imperios coloniales.
En L’Humanité del 28 de diciembre de 1920 aparece la fotografía de un oriental imberbe y despeinado, constreñido en un traje oscuro, agarrotado por el nudo de la corbata sobre un cuello demasiado almidonado. Es una escena del congreso de Tours, donde se ha consumado la escisión entre socialistas y comunistas.
Quoc es el único en pie. A su alrededor todos, absolutamente todos, tienen barba y bigote. Como para escarnecer al hombre de los mil nombres, ¡el periódico le llama Nguyen Ai Quai! El resumen taquigráfico del congreso le señala simplemente como “el delegado de Indochina”.

En los seis años que pasa en París, Quoc se convierte en un formidable libelista y propagandista. Escribe para L’Humanité (periódico del PCF) y con otros comunistas de origen asiático y africano publica el mensual Le Paria- Tribune du proletariat colonial.
Sus aforismos y paradojas fulminan a los lectores: “La figura de la justicia ha tenido un viaje tan difícil desde Francia hasta Indochina que lo ha perdido todo menos la espada”.
Obviamente, Le Paria atraerá la atención de la policía, más precisamente del inspector Louis Arnoux, del recién constituido servicio de vigilancia de los inmigrantes indochinos. Cuando los dos se encuentran en un pequeño café junto a la Ópera, Nguyen Ai Quoc es ya una figura casi mitológica, huidiza: su nombre está en los labios de todos los inmigrantes de las colonias. Arnoux, que profesa una profunda admiración por aquel treintañero delgado de modales gentiles, pide al ministro de las colonias Albert Sarraut que le conceda una audiencia. Sarraut se niega y dice estar convencido de que Nguyen Ai Quoc no existe.

“En los años 1926-1927, las hazañas de Nguyen Ai Quoc, que pasaban de boca a oreja, constituían para nuestra ávida juventud los más bellos sujetos de exaltación [...] Algunos amigos hablaban con un entusiasmo sin límites de nuestro héroe que imprimía en París el periodico Le Paria y vivía una vida diseminada de trampas en cualquier otro país extranjero”.
Esto escribirá el general Vo Nguyen Giap, comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias vietnamitas. En los años a los que se refiere, su héroe se encontraba entre China y la Unión Soviética. Llega a Moscú a finales de 1923. Son las últimas semanas de vida de Lenin. Aquí se encuentra con Stalin, Trotsky, Bujarin, Radek, Zinoviev, Dimitrov, Thälmann... A todos reprochará su escasa sensibilidad para los problemas de las colonias, particularmente en el sudeste asiático. Se hace llamar Linh, el enésimo pseudonimo.
Linh tiene su momento de gloria participando en el quinto congreso de la Internacional Comunista (junio-julio 1924). Quizá sea la última ocasión en la que el Komintern tiene plena libertad de opinión. El estalinismo está a la vuelta de la esquina, pero los delegados no pueden saberlo y discuten del futuro con pasión.
En sus dos intervenciones, Linh es muy polémico con su propio partido, el PCF, que “no hace absolutamente nada en el campo colonial” y cuyo órgano oficial presta más atención a los asuntos deportivos que a las condiciones de los campesinos en las colonias. Tras algunas estocadas sarcásticas, cifras en mano, lanza acusaciones contra las expropiaciones a los campesinos y la complicidad de los misioneros católicos con los imperialistas. Concluye dando por “inminente” el levantamiento de las masas rurales en las colonias, a las que “sólo faltan la organización y los dirigentes”. Es labor de la Internacional Comunista proveer la una y los otros.
Un discurso de una impresionante previsión: falta todavía un cuarto de siglo para la victoria de Mao Zedong en China, y quedan muy lejanos los discursos sobre la “campaña del mundo” que debe “cercar las ciudades”. Quizá gracias precisamente a esta intervención, a finales de año es enviado a China como intérprete y secretario personal de Mikhail Borodin, consejero soviético del líder nacionalista Chiang Kai Shek, cuyo Guomindang (Partido Nacional) es todavía aliado de los comunistas en la guerra contra los señores feudales.

En enero de 1925 Linh llega a Cantón con el nuevo nombre de Ly Thui. Hace además de corresposal para una agencia de prensa soviética. Sus despachos están firmados Lou Rosta. En Cantón viven muchos exiliados políticos vietnamitas, algunos muy jóvenes y fascinados por los métodos terroristas. Pocos meses antes de la llegada de Ly Thui, un joven revolucionario ha atentado contra la vida del gobernador general de Indochina, en visita diplomática a Cantón, arrojando una bomba contra su vehículo. El hombre de los mil nombres contacta con estos conspiradores, toma sus cursos de marxismo y comienza a publicar el periódico Thanh Nien (Juventud Revolucionaria).
Acaso sea el primer, verdadero paso para la fundación del Partido Comunista de Indochina.
Pero la traición lo alcanza: es la primavera de 1927 cuando Chiang Kai Shek rompe la alianza con los comunistas y sofoca en sangre la huelga general de Shangai.
Ly Thui se precipita a Moscú, pero el Komintern no tiene encargos importantes que confiarle. Pasa un año dando vueltas por Europa, le avistan en Berlín, en Suiza, hasta en Italia. Vuelve también a París con el nombre de Duong.

A finales de 1928, el hombre de los mil nombres se encuentra en Bangkok. Tiene la cabeza rapada y viste la túnica amarilla de los monjes. Hace proselitismo entre los bonzos con una síntesis de budismo y nacionalismo panasiático. En los templos difunde una visión del mundo dialéctica, una totalidad armoniosa que rechaza un solo cuerpo extraño: el poder colonialista. Quizá se remonte a este impulso el efecto palanca de la oposición budista a los gobiernos títeres del área, que tendrá su momento simbólico álgido en 1963 con los rezos de los monjes en Saigón.
Algunos meses más tarde, en la provincia nororiental de Siam, se oye hablar de un cierto “padre Chin”, un comunista vietnamita que se hace pasar por monje proveniente de China. El padre Chin contacta con la comunidad de expatriados vietnamitas y retoma los hilos de la conspiración.

A partir de 1929 Vietnam es sacudido por huelgas obreras, insurrecciones, represión. La aviación francesa llega a bombardear pueblos enteros. El hombre de los mil nombres comprende que es el momento de fundar un partido comunista unitario, reconciliando los diversos grupos marxistas clandestinos. El Partido Comunista de Indochina se funda en las gradas de un estadio de fútbol en Homg Kong, durante un partido. Es febrero de 1930. El hombre de los mil nombres se queda en la colonia británica con el nombre de Tong Van So.
En 1932 la policía de Hong Kong arresta al “conocido agitador Nguyen Ai Quoc”. Han sido los servicios secretos franceses quienes indicaron su presencia en la ciudad, en la persona de Louis Arnoux, el hombre que desde hace años le sigue la pista y un día tuvo que oír que había hablado con un fantasma.
Un abogado local logra la libertad bajo fianza. Quoc huye a China y hace difundir la noticia de su propia muerte por tuberculosis. El anuncio lo realiza la prensa soviética y es repetido por los periódicos franceses. Las autoridades francesas cierran el caso por deceso del vigilado. En Moscú los estudiantes indochinos realizan una vigilia fúnebre.

Por buena parte de los años 30 el hombre al que dan por muerto vaga entre la URSS y China, usando todos los medios de locomoción imaginables. Se dice que tiene relaciones con mujeres rusas y chinas, pero su idea fija sigue siendo la independencia de Indochina.
Los viajes de estos años resquebrajan su salud: los pulmones perforados por la tisis, el intestino sacudido por una disentería amébica, el cuerpo tembloroso a causa de la malaria.

En 1939 la represión decapita el Partido Comunista de Indochina. Los dirigentes, entre ellos Vo Nguyen Giap y Pham Van Dong, deben refugiarse en China, donde la presión popular ha obligado a Chiang Kai Shek a una nueva alianza con los comunistas.
Escribe Giap: “Era junio, el mes de pleno verano en Kunming. [Un compañero] me invita a dar un paseo hacia el lago Thun Ho [...] Nosotros caminábamos a pasos lentos por la orilla, cuando un hombre de edad madura, vestido a la europea, con un sombrero de fieltro gris se nos acerca. [El compañero] hace las presentaciones: “El camarada Vuong”. Era él, Nguyen Ai Quoc. Comparándole con la fotografía de veinte años antes, me pareció más vivaz, más alerta, aunque siempre tan delgado. Se había dejado crecer la barba [...] Un detalle me impresionó y nunca lo he olvidado: hablaba con acento de Vietnam central. Nunca hubiera creído que pudiera conservar el acento después de una ausencia tan larga”.

En 1940 los alemanes ocupan Francia. Sus aliados japoneses hacen lo mismo en Indochina. No sólo: barren a los ingleses de Malasia y a los holandeses de Indonesia. Aniquilan a las fuerzas estadounidenses de Filipinas. Una potencia asiática arrolla a los colonialistas occidentales.
El hombre al que dan por muerto evita el error ideológico de muchos nacionalistas de la zona, y se cuida mucho de apoyar a los japoneses, que si bien son asiáticos siguen siendo fascistas: mira en cambio con atención a los aliados, que en el verano de 1941 suscriben la Carta Atlántica, con el objetivo de “restablecer los derechos soberanos y el autogobierno de los pueblos que han sido privados con la fuerza”.
Resulta obvio que Churchill y Roosevelt se refieren sólo a los pueblos blancos de Europa, pero en todo caso es un punto de apoyo.

Mientras tanto, haciéndose pasar por el periodista chino Ho Quang, el hombre al que dan por muerto regresa a Vietnam después de 30 años de ausencia. Quién sabe si piensa en aquel día de 1911, el puerto de Saigón que se aleja, el cocinero del Latouche Tréville que le pone a pelar patatas.
Se detiene en Pac Bo, en la región Nung, al abrigo de la frontera con China, donde los comunistas han decidido situar su base. Están también Giap y Pham Van Dong. Todos viven en cabañas y cuevas. El ex pastelero del Carlton elige una cueva en una montaña de roca calcárea. Justo enfrente transcurre un arroyo. Rebautiza la montaña “Karl Marx” y al arroyo “Lenin”.
Por un año llevará el vestido azul de los montañeros Nung, trabajando sin pausa en la propaganda antijaponesa y anticolonialista.
Sobre estas montañas nace la Liga para la Independencia de Vietnam, con el objetivo de reunir “patriotas de todas las edades y de todas las clases: campesinos, obreros, comerciantes y soldados”.
El nombre original es Viet Nam Doc Lap Dong Minh.
Pasará a la historia con el nombre abreviado de Vietminh.

En julio de 1942 el hombre al que dan por muerto decide volver a China, para obtener el apoyo de Chiang Kai Shek contra los invasores japoneses, y para relanzar los lazos con el Partido Comunista Chino y, a su vez, con Moscú.
Apenas cruza la frontera, le arrestan junto con a su guía. Siguen trece meses de durísimo cautiverio, con marchas forzadas de una cárcel a otra, cuarenta-cincuenta kilómetros al día con cadenas en los pies, atormentado por la sarna, en el estómago apenas un puñado de arroz. En las pausas escribe un diario en verso, en total un centenar de poemas en el mandarín clásico de la época Tang (VI-IX dC): “Los guardias me arrastraban / llevando a la espalda un cerdo. / Al cerdo se le lleva, / al hombre se le tira del bozal”.
Mientras tanto sus compañeros le creen muerto. Una muerte dentro de la otra.

Giap: “Algún mes después, recibimos un periódico enviado desde China. Sobre la portada, los caracteres de una escritura que conocíamos bien: “A mis queridos amigos. Buena salud y valor en el trabajo. Estoy bien de salud”. Seguían estos pocos versos:
“Las nubes abrazan a los montes / los montes aprietan a las nubes. / Como un espejo / que nada ofusca, / el río corre con agua limpia. / En la cumbre de los montes / viento del oeste. / Yo voy sólo / con el corazón palpitante. / Escrutando el cielo lejano / pienso en mis compañeros.”
Estábamos ebrios de felicidad, pero no por ello menos perplejos. Nos mirábamos a la cara, nos preguntábamos unos a otros: “¿Qué quiere decir? ¿Cómo es posible?” y asediábamos a preguntas al compañero Cap, que había traído la triste noticia. “Yo tampoco entiendo nada”, nos respondió. “El gobernador chino me había dicho textualmente que estaba muerto”. “Intenta recordar exactamente lo que te dijo”. Cap repitió las palabras precisas del gobernador y todo se nos volvió claro. Nuestro compañero había confundido los acentos tónicos y había cambiado las palabras “Chu leu, chu leu” (bien, bien) por “su leu, su leu” (ya muerto, ya muerto). ¡Aquellos meses de angustia y dolor habían sido provocados por aquel maldito equívoco!”.

A finales de 1943, salido de la cárcel, el hombre escapado del infierno adopta un nombre chino.
Es el último nombre de su vida. Aquel por el que lo conocerán en todo el mundo. Significa “portador de luz”.

Cuando, en 1945, un oficial del servicio de información de Cao Bang telegrafíe a París que el “portador de luz” no es otro que el tristemente famoso Nguyen Ai Quoc, un funcionario de rue Ordinot se apresurará a responder: “¿Quién es ese loco que nos envía una información así? ¡Todos saben que Nguyen Ai Quoc murió en Hong Kong entre 1931 y 1935!”.

Un espectro.

Ho Chi Minh.


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lo leído es una traducción libre de parte del libro 'Asce di guerra', firmado por Vitaliano Ravagli y Wu Ming. las imágenes también están tomadas de la página de Wu Ming. el que suscribe se propone ir colgando -a la manera de una novela por entregas- la traducción, siempre libre-limitada-acientífica, de los capítulos que se refieren a las llamadas guerras de Indochina. se aceptan consejos, críticas y todo tipo de aportaciones. salud.

viernes, 7 de agosto de 2009

Honduras, golpes y causas

Cual es la causa del golpe hondureño

Vicenç Navarro
El Plural


Varios medios de información en España han reproducido los argumentos dados por los propios golpistas hondureños para explicar el golpe de estado en aquel país. Tales medios han señalado que el Presidente Zelaya había violado la Constitución, convocando ilegalmente un referéndum para “perpetuarse” en el poder. Se acepta así, la explicación dada por los golpistas, que señalan que la expulsión del Presidente Zelaya ocurrió para impedir que éste convocara un referéndum a fin de alargar su mandato. Un ejemplo de ello es el reportaje del corresponsal de El País en Tegucigalpa, que indicaba que “Zelaya fue derrotado y expulsado el 28 se junio pasado, después de intentar organizar un referéndum para abrir la vía a la reelección, que había sido declarada ilegal por las instancias judiciales” (04.08.09). Según tal reportaje, el golpe tenía por objetivo, pues, evitar que Zelaya se perpetuara en el poder.

Esta explicación ha aparecido en los cinco diarios de mayor tiraje del país. De todos ellos, La Vanguardia ha sido el periódico que ha promovido con más intensidad esta explicación. Su corresponsal en América Latina ha entrevistado nada menos que a Romeo Vásquez, General que realizó el golpe militar, el cual niega en la entrevista que lo que ocurrió en Honduras hubiera sido un golpe militar pues la detención y expulsión del Presidente respondía a principios constitucionales. El entrevistador, el Sr. Ibarz, de cuyos reportajes hablé ya en otro artículo (“Las falsedades sobre Honduras”, Público, 23.07.09) también entrevistó al Cardenal de Honduras, el Sr. Rodríguez Maradiaga, que alegó los mismos argumentos. Por cierto, ninguno de los dirigentes del movimiento en defensa del Presidente Zelaya ha sido entrevistado por La Vanguardia.

La causa principal del golpe, sin embargo, no fue impedir que Zelaya se perpetuara en el poder. El mal llamado referéndum (en realidad fue una encuesta popular gestionada por el Instituto Nacional de Estadística) no hablaba de la reelección del Presidente. En tal encuesta se consultaba a la población si ésta creía aconsejable que se eligiera a una Asamblea Constituyente que permitiera cambiar la Constitución. Y ahí está el meollo de la cuestión. Lo que motivo el golpe fue el deseo de la oligarquía hondureña de mantener intacta la Constitución instaurada por la última dictadura militar. Tal Constitución otorga gran número de privilegios a la oligarquía del país, incluyendo a las fuerzas armadas y a sus aliados en EE.UU. Eran estos privilegios los que la oligarquía y sus fuerzas armadas querían mantener a toda costa. Existía el temor, entre la oligarquía, de que una nueva Constitución pudiese, por ejemplo, pedir la eliminación de bases militares extranjeras en territorio hondureño. Hoy, el Pentágono de EE.UU. tiene una base militar en Honduras, la única existente en Centroamérica, una región de gran importancia estratégica para las fuerzas armadas de EE.UU. Éstas y las fuerzas armadas hondureñas eran conscientes del intento de los progresistas hondureños de cerrar la base, una base que ha sido el centro de actividades militares y represivas llevadas a cabo por las fuerzas militares estadounidenses en toda la región. Las fuerzas armadas hondureñas y sus aliados estadounidenses no desean cambios en la situación actual. De ahí que una de las primeras condiciones que puso el nuevo gobierno golpista al Presidente de Costa Rica (Sr. Óscar Arias) en su mediación fue precisamente que no se cambiara la Constitución.

Las fuerzas progresistas hondureñas querían, también, el enjuiciamiento de los militares que aterrorizaron a la población durante la horrible dictadura que se estableció con el apoyo del Gobierno Federal de EE.UU. También pedían que (como en España) se encontraran a los desaparecidos durante la dictadura y periodos posteriores, en actos de represión política, cuando miles de hondureños y ciudadanos de otros países de Centroamérica fueron asesinados debido a su defensa de la libertad y de los derechos civiles y sindicales de las clases populares. El Presidente Zelaya había aprobado el inicio de tal investigación.

La respuesta de EE.UU.

En EE.UU. la administración Obama está dividida sobre como responder a esta situación. El Partido Republicano apoya a los golpistas y sus argumentos son semejantes a los propuestos por el corresponsal de La Vanguardia, el Sr. Ibarz. El Sr. Zelaya –según ellos- no es ya el Presidente de Honduras, pues, ha sido sustituido por un nuevo gobierno que es el legal. Es interesante señalar que hace setenta años, La Vanguardia (llamada entonces La Vanguardia Española), propiedad de la familia Godó (que apoyó el golpe militar del General Franco en 1936 y la enormemente represiva dictadura que estableció), promovió argumentos legitimadores del golpe militar español, utilizando argumentos casi idénticos a los que su corresponsal utiliza ahora para apoyar a los golpistas hondureños. En España, el gobierno del Frente Popular, en 1936, había violado -según los golpistas- la Constitución española. Se sublevaban –según ellos- para defender la legalidad.

Este apoyo al nuevo gobierno golpista hondureño aparece también entre sectores conservadores del Partido Demócrata. La Administración Obama, sin embargo, considera al Presidente Zelaya como el Presidente legal de Honduras. Este reconocimiento es un paso positivo y marca una distancia con administraciones anteriores. Ni que decir tiene que adoptar una postura distinta habría significado enfrentarse a la gran mayoría de gobiernos de América Latina, así como a la opinión mundial. Ahora bien, la vía de la mediación, propuesta por la Administración Obama y por la OEA, y dirigida por el Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, ha abierto la posibilidad de que el Presidente Zelaya vuelva a Honduras como Presidente y a la vez se cancele el intento de cambio de la Constitución. El proceso de mediación, al reconocer a los golpistas, sentándolos en la mesa de mediación al mismo nivel que al gobierno legítimo de Honduras, dio gran poder de veto a los golpistas con lo cual, si se elimina cualquier intento de cambio de la Constitución, se habrá conseguido lo que los golpistas deseaban, es decir que no se cambie la Constitución. De ahí el gran riesgo que supone el proceso de mediación, promovido por la Administración Obama, y liderado por el Presidente de Costa Rica. Tal proceso puede conseguir lo que los golpistas deseaban. De ser así, el proceso habrá alentado a que se produzcan otros golpes de estado en América Latina, pues mostrará que dar golpes de estado es rentable, al conseguirse a través del golpe lo que no se puede obtener a través de las urnas.

Una última observación. El argumento de evitar que dirigentes políticos de América Latina “se perpetúen en el poder” se utiliza constantemente para intentar parar los intentos de aquellos presidentes latinoamericanos, democráticamente elegidos, de cambiar el sistema electoral permitiéndoles presentarse de nuevo, convirtiendo sus sistemas electorales en sistemas semejantes a los sistemas europeos. En la mayoría de países europeos no existen límites en el mandato del Presidente. En Cataluña, el Presidente Pujol gobernó durante 23 años y el Presidente Erlander en Suecia, también, 23 años, sin que los sistemas electorales catalán o sueco pudieran considerarse dictatoriales, pues siguieron las reglas del proceso democrático. El hecho de que los candidatos puedan ser elegidos tantas veces como el electorado desee, no convierte el proceso en dictatorial. Que un proceso sea democrático o no depende del proceso electoral en si y sobre todo de la pluralidad de partidos y opiniones existentes en el proceso electoral sin limitaciones en la presentación de alternativas. Y es ahí donde el centro del análisis debiera fijarse y no en que sea o no el mismo candidato el que se presente. El sistema electoral bipartidista, no proporcional, que existe en muchos países de América Latina, limita enormemente las posibilidades democráticas de aquellos países, lo cual se debe, no al número de veces que los Presidentes pueden presentarse de nuevo a las elecciones, sino a la escasa representatividad proporcional de sus sistemas electorales y limitada posibilidad de participación popular en sus sistema político. Fijarse en lo primero (la posibilidad de repetir mandato), ignorando lo segundo (la escasa diversidad de sensibilidades políticas y limitada participación ciudadana), es el punto flaco de la mayoría de críticas a la mal llamada “perpetuación en el poder”, argumentación que se hace en nombre de la defensa del sistema democrático.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Policy Studies and Public Policy. The Johns Hopkins University

jueves, 6 de agosto de 2009

Nuevas compañías

Les invitamos desde aquí a conocer y compartir con las gentes de multitud-red social de reflexión crítica contemporánea (aquí, y también abajo a la derecha). Para empezar a compartir aquí tienen el reportaje 'Antonio Negri A revolt that never ends':





un aprovechen las calores estivales para frotar sus esqueletos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Honduras

Honduras

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique


Con inmenso gozo (1) recibieron la noticia del golpe de Estado en Honduras, los grupos conservadores del mundo y sus propagandistas habituales (2). Aunque éstos criticaron retóricamente el golpe, avalaron y justificaron los argumentos de los golpistas, repitiendo que "el Presidente Manuel Zelaya había incurrido en múltiples violaciones de la Constitución al querer organizar un referéndum para mantenerse en el poder" (3).

Tales afirmaciones son falsas. El Presidente Zelaya no vulneró un sólo artículo de la Constitución (4). Ni organizó ningún referéndum. Ni deseaba prolongar su mandato que termina el 27 de enero de 2010. Su intención era organizar una consulta, no vinculante (es decir un simple sondeo o una encuesta de opinión), preguntándoles a los ciudadanos: "¿Está usted de acuerdo que, en las elecciones generales de noviembre de 2009, se instale una cuarta urna (5) para decidir sobre la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que emita una nueva Constitución de la República?". O sea, se trataba de una pregunta sobre la eventualidad de hacer otra pregunta. Ningún artículo de la Constitución de Honduras le prohibe al Presidente la posibilidad de consultar al pueblo soberano.
Es más, suponiendo que una mayoría de hondureños hubiese contestado positivamente a esa demanda, la "cuarta urna" sólo se hubiese instalado el 29 de noviembre de 2009, día de la elección presidencial, a la cual -en virtud de la Constitución vigente- Manuel Zelaya no puede de ningún modo presentarse.

Entonces, ¿por qué se dio el golpe? Porque Honduras sigue siendo la "propiedad" de una quincena de familias acaudaladas que lo controlan todo: poderes ejecutivo, legislativo y judicial, principales recursos económicos, jerarquía de la Iglesia católica, medios de comunicación de masas y fuerzas armadas. La mayoría de sus gobiernos han sido tan corruptos y tan sumisos a los intereses de las empresas extranjeras que, para designar a Honduras, el humorista estadounidense O. Henry acuñó el término "República bananera" (6). En 1929, queriendo explicar lo fácil que era comprar a un congresista, Samuel Zamurray, alias "Banana Sam", presidente de la Cuyamel Fruit, empresa rival de la United Fruit, afirmó: "Un diputado en Honduras cuesta menos que una mula". Al final de los años 1980, el Presidente José Azcona del Hoyo admitió el sometimiento de Honduras a la estrategia de Estados Unidos confesando: "Un país tan pequeño como Honduras no puede permitirse el lujo de tener dignidad". Y un grupo de empresarios llegó a proponer que pasara a convertirse en un Estado Libre Asociado de Estados Unidos, como Puerto Rico...

La relación económica con la gran potencia norteamericana es de dependencia casi absoluta; hacia allí va el 70% de sus exportaciones (plátanos, café y azúcar); y de allí llegan unos 3.000 millones de dólares que envían a sus familias 800.000 hondureños emigrados. Y el capital principal (40%) de las fábricas maquiladoras (de mano de obra barata) en zonas francas es estadounidense.

Hace 30 años, al vencer la revolución sandinista en Nicaragua, Washington decidió convertir Honduras en una suerte de portaaviones para combatir militarmente a las guerrillas revolucionarias en Guatemala y El Salvador, y apoyar a la "Contra" antisandinista. Una de las primeras medidas consistió en implantar una "democracia controlada" en Tegucigalpa. En 1980, hubo por primera vez "elecciones libres"; un año después fue elegido Roberto Suazo Córdova quien dio paso a una era siniestra de terror, "escuadrones de la muerte", "desapariciones" y eliminación de activistas de izquierdas. En tales circunstancias se promulgó la Constitución de 1982, actualmente vigente.

Una Constitución redactada por los principales grupos económicos que desean mantener para siempre a su favor uno de los repartos de riqueza más inequitativos del mundo, con el 60% de los habitantes por debajo de la línea de pobreza y más de un tercio por debajo de la línea de pobreza extrema. Un país empobrecido, en el que la tasa de desempleo se sitúa en torno al 30%.

Eso es lo que ha querido transformar el Presidente Manuel Zelaya. Perteneciente a una de las grandes familias latifundistas de Honduras y miembro del Partido Liberal, el mandatario trató de reducir las desigualdades. Aumentó el salario mínimo un 50%; detuvo la privatización de empresas públicas (energía eléctrica, puertos, sistema de salud) y se pronunció a favor de una mayor participación ciudadana en las políticas públicas. Y esto, aun antes de acudir a Petrocaribe en 2007 y de integrar el ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) en 2008.

La poderosa oligarquía se escandalizó y trató a Zelaya de "traidor a su clase". Aunque él afirma: "Yo pensé hacer los cambios desde dentro del esquema neoliberal. Pero los ricos no ceden un penique. (...) Todo lo quieren para ellos. Entonces, lógicamente, para hacer cambios hay que incorporar al pueblo" (7).

El itinerario intelectual de Manuel Zelaya y su "conversión" a una concepción progresista de la sociedad son ejemplares. En el ejercicio del poder, constata que "el Estado burgués lo componen las elites económicas. Están en las cúpulas de los ejércitos, de los partidos, de los jueces; y ese Estado burgués se siente vulnerado cuando yo empiezo a proponer que el pueblo tenga voz y voto" (8). Y viene a descubrir esta idea revolucionaria: "La pobreza no se acabará hasta que las leyes no las hagan los pobres" (9).

Es mucho más de lo que pueden soportar los "dueños" de Honduras. Con el apoyo de viejos "halcones" estadounidenses -John Negroponte, Otto Reich- traman entonces el golpe del 28 de junio que ejecutan las Fuerzas Armadas. Todas las cancillerías del mundo lo han condenado. Porque la época de los "gorilas" ya ha acabado. Y ha llegado la hora de los pueblos.


Notas:
(1) "Con inmenso gozo" se titulaba el mensaje de Pío XII, el 16 de abril de 1939, en el que se congratulaba por la victoria de Franco en la Guerra Civil.
(2) Mario Vargas Llosa, "El golpe de las burlas", El País , 12 de julio de 2009; y Álvaro Vargas Llosa, "Zelaya, el gran responsable del golpe", CNN en español , 1 de julio de 2009.
(3) El País , 1 y 5 de julio de 2009.
(4) Francisco Palacios Romeo, "Argumentos de derecho constitucional primario para una oligarquía golpista primaria", Rebelión , 3 de julio de 2009.
(5) En las elecciones generales se colocan tres urnas: la primera para designar al Presidente, la segunda a los diputados y la tercera a los alcaldes.
(6) En su novela Cabbages and Kings , 1904.
(7) El País , 28 de junio de 2009.
(8) Ibídem .
(9) Ibídem .

martes, 7 de julio de 2009

Por alusiones

Hay, desde luego, una guerra, una guerra entre los beneficiarios de la catástrofe y los que hacen de la vida una idea menos esquelética. Nunca se ha visto que una clase dominante se suicide de buena gana.

(otra vez aquí)

Schanzenfest, 4-7-09, hamburgo, alemania

lunes, 15 de junio de 2009

La insurrección que llega

Bajo cualquier ángulo desde el que se observe, el presente no tiene salida. Es una cosa sabida que todo no puede sino ir de mal en peor. “El futuro no tiene porvenir” es la sabiduría de una época en la que se ha llegado, bajo sus aires de extrema normalidad, al nivel de consciencia de los primeros punks.
La esfera de la representación política se cierra. Aquellos que todavía votan dan la impresión de no tener otra intención que la de hacer saltar las urnas a fuerza de votar como pura protesta. Se comienza a adivinar que es contra el voto mismo por lo que se continua votando. Nada de lo que se presenta está, ni de lejos, a la altura de la situación. Incluso en su silencio, la propia población parece infinitamente más adulta que todos los títeres que se pelean por gobernarla.
No habrá solución social a la presente situación. En principio porque el vago agregado de medios, de instituciones y de burbujas individuales al que se llama por antífrasis “sociedad” no tiene consistencia, y a continuación porque no existe lenguaje para la experiencia común. Y no se comparten las riquezas si no se comparte un lenguaje. Hizo falta medio siglo de lucha en torno a las Luces para forjar la posibilidad de la Revolución francesa, y un siglo de lucha sobre el trabajo para parir el temible “Estado providencia”. Las luchas crean el lenguaje en el que se dice el nuevo orden.

Comité Invisible. París, marzo 2007.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Yldune Levy salió de prisión


foto: afp


Yldune Levy salió el pasado viernes 16 de enero bajo fianza de la prisión de Fleury-Mérogis. Levy ha permanecido encarcelada desde el 11 de noviembre por su presunta relación con pequeños actos de sabotaje en los ferrocarriles franceses. De los detenidos entonces en el pequeño pueblo francés de Tarnac, a quienes la ministra de Interior Michèle Alliot-Marie no dudó en calificar de "terroristas de ultraizquierda", sólo Julien Coupat sigue en la cárcel.

(más, más, más, y en entradas anteriores)

sábado, 10 de enero de 2009

Somos la imagen del futuro


'Quando il nemico é molto forte, non basta vincerlo.
Bisogna saper sognare un mondo nuovo'
('Cuando el enemigo es muy fuerte, no basta con vencerlo. Es necesario saber soñar un mundo nuevo')
Pontiac, storia di una rivolta
Wu Ming

aquí excelente resumen fotográfico de la insurrección en Grecia

jueves, 8 de enero de 2009

Terapia empresarial contra la crisis



Este anuncio publicado en la contraportada del diario El Mundo el 4 de diciembre no tiene desperdicio: “SEMINARIO ESPECIALIZADO. COMO PLANIFICAR UN ERE. DESPIDOS COLECTIVOS Y REESTRUCTURACIÓN DE PLANTILLAS
Madrid, 21 de enero de 2009. Auditorio Unidad Editorial”.

Como se puede comprobar se celebra en las propias instalaciones de la empresa editora de El Mundo. Y continúa el anuncio: “Con el asesoramiento de SARGADOY ABOGADOS. Un análisis práctico sobre las cuestiones clave en las reestructuraciones de plantillas: De la mano de los expertos laboralistas de SARGADOY ABOGADOS y el punto de vista de la Dirección General de Trabajo y la Inspección de Trabajo”.

pascual serrano

martes, 6 de enero de 2009

Alba Rico sobre Palestina

Qué bello es matar, qué justo es morir

Santiago Alba Rico
Rebelión


“Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé. Y arrasó aquellas ciudades y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. La mujer de Lot miró hacia atrás y se volvió poste de sal”.

Génesis 19, 23-26.



La ira de Dios no es sólo justa sino bella, y su belleza misma revela y proclama su justicia superior. ¿Cómo no sucumbir ante este extraordinario cuadro de El Bosco pintado por la aviación israelí? Los cuerpos y las casas que hay debajo, ¿no son derribados precisamente por la hermosura de este fogonazo divino, de este deslumbrante surtidor de luz? Los que no mueren, los que resisten, los que maldicen entre las ruinas, ¿no son por eso mismo culpables y reclaman con su supervivencia misma una nueva eyaculación de azufre y fuego?

Los más viejos atavismos religiosos se apoyan en los más modernos medios de destrucción. Más allá o más acá de las manipulaciones y las mentiras, nos inclinamos fascinados ante la brutalidad israelí porque es brutal y procede del cielo; admiramos su fuerza y no su causa, y es precisamente la verticalidad incontestable de esta fuerza la que la inviste de una legitimidad inalcanzable para la razón: pues es al mismo tiempo, y en el mismo molde, estética y teológica. Antes sólo se podía destruir una ciudad si se era Dios; ahora lo pueden hacer también los israelíes. Del cielo caen únicamente bendiciones milagrosas y castigos merecidos. La superioridad tecnológica de los sionistas -su superior desprecio por la vida humana- activa esta legitimación teológica que sus gobernantes explotan conscientemente, hasta el punto de que es la propia tecnoteología bíblica de los ataques aéreos, como única fuente ya de legitimidad, la que les obliga a repetirlos a una escala siempre mayor. Es tan bonito, tan placentero, tan fácil, tan justiciero, reducir a escombros una ciudad y sería tan difícil, tan feo, tan moralmente degradante tratar de defender racionalmente el sionismo... El Dios de la Biblia que destruye desde el aire es tanto más justo y tanto más bello cuanto mayor es su poder de aniquilación. Sus víctimas embellecen Su potencia, justifican Su existencia, homenajean Su misericordia; cuanto más aumenta el número de muertos, más culpables son los cadáveres y más sublime el agresor; cuantos más niños y mujeres y ancianos sucumben a esta luz maravillosa más maravillosa es la luz y más merecido el castigo. “Desproporcionado” -fuera de toda proporción- sólo lo es Yahvé y esto es lo que quieren decir los medios de comunicación y los gobiernos cuando califican así -respetuosa y admirativamente- el uso de la fuerza por parte de Israel: quieren decir que es “divino”, sobrenatural, sobrehumano, quieren decir que está justificado, que no podemos juzgarlo y mucho menos condenarlo sin cometer un sacrilegio. Los medios (de destrucción) justifican todos los fines. La “desproporción” tecnológica declara su derecho al margen de las leyes humanas y necesita muy poca propaganda para imponerse: basta con que sea capaz de imitar a Dios y “arrasar las ciudades con todos sus habitantes” en medio de un torrente de luz. Hasta los ateos más encallecidos pasaremos por alto los muertos a condición de que sean muchos y de que se usen para matarlos bombas de racimo y fósforo blanco; es decir, a condición de que el asesino sea omnipotente y su potencia de orden religioso y sobrenatural. Israel es un Estado teocrático por su forma de vivir y por su forma de matar. El resto del mundo le admira precisamente por eso. Y cuando volvemos la mirada hacia el espectáculo, como la mujer de Lot, nos convertimos en mudas columnas de sal.

El aire es puro; el cielo es inimputable. El piloto israelí del F-16 no llega a despeinarse; elegante, sofisticado, puntilloso en el cumplimiento de su misión, desinfectado de todos los bajos instintos que podrían empañar su mirada, brillante, irónico, serio, justo, imita a Dios y a El Bosco y vuelve luego a tiempo a Tel Aviv para probar la comida de un nuevo restaurante indonesio y discutir con su novia los detalles del nuevo mobiliario adquirido en Ikea.

¿Y abajo? ¿Qué ocurre entre tanto abajo? ¿Cómo es la gente de abajo?



Aquí los vemos. Son terrestres, primitivos, emocionales, gritones, amenazadores, oscuros, pastosos, supersticiosos, gregarios, andrajosos, feos, pedestres, horizontales, vulnerables, prescindibles: humanos. El artículo de El Mundo que ilustraba esta fotografía añadía que son también “exhibicionistas”: al contrario que los dueños del aire, que preferimos enterrar a nuestros muertos en la intimidad, a los palestinos de Gaza les divierte mostrar los cadáveres de sus niños y proclamar obscenamente su dolor. Al fino antropólogo del periódico español se le olvidaba citar otras diferencias igualmente definitivas: mientras que a los dueños del aire nos gusta morir de viejos en un hospital o en la intimidad de nuestras casas, a los palestinos de Gaza les encanta morir en la calle, en público, reventados sin ningún pudor por una bomba bíblica lanzada desde el cielo; y mientras que a los dueños del aire nos gusta matar sin despeinarnos ni alterarnos -para volver a tiempo de cenar en Tel-Aviv sin tener que pasar antes por la peluquería- a los palestinos de Gaza les gusta matar matándose -pues la rabia y el odio no les permitiría hacerlo de otra forma. Si la “desproporción” israelí se justifica a sí misma, las proporciones humanas de los palestinos se eliminan también a sí mismas. Basta la fotografía del bombardeo israelí para convencernos de la justicia sionista; y basta la fotografía del entierro palestino para convencernos de la culpabilidad palestina.

La diferencia entre israelíes y palestinos se resume en estas dos imágenes, en este contraste que los medios de comunicación, interesadamente o no, alimentan sin descanso: la superioridad estética y teológica de los unos, basada exclusivamente en su armamento, y la inferioridad “natural” de los otros, reducidos de antemano -desde siempre- a pura yesca del fuego de Yahvé, a mero combustible de la Luz Divina. Ningún razonamiento, ninguna súplica, podrán anular esta diferencia; tampoco ningún cohete Qassam. Sólo hay dos maneras de corregir este contraste asentado ya en nuestras retinas y sintetizado mansamente en nuestras miradas: o armamos a los palestinos con misiles, bombas de racimo y fósforo blanco o desarmamos a los israelíes y disolvemos el Estado de Israel. Mientras no ocurra una de estas cosas, de nada sirve que la justicia humana esté de parte de los palestinos en un mundo que babea fascinado -los EEUU, la UE, los gobiernos árabes, la ONU, los medios de comunicación- ante los cuadros de El Bosco que pinta la aviación israelí y la bíblica belleza justiciera que los acompaña. Mientras la justicia humana no nos parezca más justa y más bella que un bombardeo israelí, los palestinos -hagan lo que hagan- sólo conseguirán ensanchar la diferencia y dar pretextos a Yahvé para que los mate desde su remota elegancia imperturbable. No les deis pretextos, no, por favor: no lancéis cohetes, no disparéis fusiles, no saquéis los cuchillos, no defendáis vuestras casas, no protejáis vuestros niños, no gritéis, no lloréis, no comáis, no respiréis. Pero si no hay justicia humana y los palestinos son culpables ante Dios de respirar (¡cuánto más de sangrar!), si hagan lo que hagan han sido ya condenados para siempre, sería vergonzoso condenarlos también -hagan lo que hagan- desde nuestras confortables avionetas morales. Hay ocasiones en que más inmoral que asesinar es precisamente moralizar.

Pero ahora la diferencia se ha reducido un poco. A cubierto de los F-16 en mi casa bien caldeada, estremecido y avergonzado, siento la satisfacción de que los israelíes hayan renunciado a su impunidad divina y hayan entrado en Gaza también por tierra. Todavía inconmesurablemente superiores, se mueven en todo caso a ras de suelo y se vuelven por ello un poco palestinos, un poco humanos, un poco vulnerables; quizás esté incluso justificado matarlos. Quizás incluso mueran unos pocos. Quizás -ojalá-, en vez de miedo o admiración, algunos lleguen a inspirarnos también piedad.

Lo “desproporcionado” se llama Dios; lo “proporcionado” se llama justicia humana. Lo “proporcionado divino” es la belleza; lo “desproporcionado humano” es la compasión. Tal vez en los próximos días veamos por fin la imagen de un tanque israelí destruido por los heroicos defensores de Gaza y nos dejemos llevar luego, tras la alegría, por la desproporción de la compasión -inesperada, incomprensible, irracional- frente al cuerpo de un soldado israelí prisionero o muerto. En ausencia de proporciones, en ausencia de justicia, asesinos ahora expuestos al débil, feo y valiente fuego defensivo, quizás los sionistas, muertos, prisioneros o heridos, posados dolorosamente en tierra, nos parezcan por fin -por primera vez- humanos.

Grecia

Un grupo armado tirotea de gravedad a un policía en el centro de Atenas

Agencias / Rebelión


Un policía griego resultó gravemente herido ayer por la mañana después de que al menos dos hombres armados disparasen contra él en el centro de Atenas, según informaron fuentes policiales. Su estado era «grave pero estable», informó el director del Hospital de la Cruz Roja en Atenas, Andreas Martines.

Aunque ningún grupo asumió el ataque, que se produjo cerca de la sede del Ministerio de Cultura, la Policía cree que puede guardar relación con el perpetrado el 23 de diciembre contra un autobús de transporte de brigadas especiales, reivindicado por un grupo llamado "Lucha revolucionaria" hasta entonces desconocido en denuncia por la muerte de un adolescente a manos de la Policía en diciembre.

Durante el ataque fueron efectuados alrededor de 30 disparos de al menos dos armas, incluidos un fusil de asalto AK-47 y una pistola. Asimismo, lanzaron una granada de fabricación rusa mientras los agentes intentaban impedir la huida de los autores del atentado. Los peritos policiales encontraron en el lugar de los hechos 27 casquillos de arma Kalasnikov y cuatro de un revólver de 9 milímetros. Según los primeros indicios, esos 27 casquillos coinciden con los recogidos tras el atentado contra el autobús policial.

domingo, 4 de enero de 2009

Así será el año 2009

Ignacio Ramonet, Le Monde diplomatique

“Balas para los jóvenes, dinero para los bancos”. Este expresivo grito de ira de los amotinados de Grecia bien pudiera oírse, a lo largo de 2009, en otras ciudades europeas. Porque el año que empieza se va a caracterizar, como consecuencia de los despidos masivos que está causando la crisis, por un fuerte descontento social. Y éste desembocará en huelgas, manifestaciones y enfrentamientos que las elecciones europeas de junio próximo no calmarán.

Numerosos jóvenes -estudiantes o no- son conscientes de que su destino es ir a dar a la mar de la precariedad (“generación 700 euros”) o del desempleo. Desean hacer tabla rasa. Algunos se sienten de nuevo atraídos por los movimientos libertarios. En la atmósfera de lucha social que se avecina, las filas del anarquismo podrían engrosar*1. Como en los años 1930…

Aunque en materia de política internacional no caben supersticiones, los años terminados en 9 son a menudo convulsivos. Basta con observar que, a lo largo de éste, se conmemorarán : los 10 años de la revolución bolivariana de Venezuela (febrero); los 20 de la caída del muro de Berlín y de la implosión del bloque soviético (noviembre); los 30 de la “revolución islámica” de Irán (febrero); los 40 de la “revolución libia” del coronel Gaddafi (septiembre); los 50 de la revolución cubana (enero); los 60 de la revolución china (octubre); los 70 de la derrota de la República española en la Guerra civil (abril) y del inicio de la Segunda Guerra Mundial (septiembre); y los 80 de la crisis de 1929 y de la Gran Depresión…

Sin duda, la recesión económica será también la principal característica del año que comienza. Porque los efectos del triple crack de la construcción, de los bancos y de las Bolsas golpearán de lleno a la economía real.

En ese contexto de descontento social, ¿representa el nuevo Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una luz de esperanza? Menos de lo que creímos. Su equipo económico, en el que figuran varias personalidades ultraliberales responsables en parte de la crisis actual –como Robert Rubin, Lawrence Summers o Timothy Geithner–, no estará a la altura para cambiar las cosas.

Además, parece evidente ya que la nueva Administración Obama será de centro-derecha, es decir más a la derecha que el nuevo Congreso surgido de las elecciones del 4 de noviembre*2. Lo cual augura tensiones más fuertes que previsto entre el ejecutivo y el legislativo. Los nuevos congresistas demócratas no dejarán de hacerse eco de las impaciencias de los electores duramente afectados por la crisis y profundamente irritados por el gigantesco fraude del estafador Bernard Madoff así como por las ayudas masivas ofrecidas por el Gobierno a los banqueros. En suma, el entusiasmo de hoy hacia el nuevo Presidente podría, a lo largo del año, cambiarse en decepción, frustración… y cólera.

Su equipo de politica exterior -constituído por Hillary Clinton, Robert Graves y el general Jim Jones– tambien resulta muy conservador para quien ha prometido dejar de imponer la democracia a punta de bayoneta.

El «foco perturbador» del mundo seguirá siendo Oriente Próximo como lo muestran los recientes enfrentamientos trágicos de Gaza. En Irak, las fuerzas británicas y las de todos los demás aliados de Estados Unidos, se retirarán en primavera. Por su parte, las tropas estadounidenses de combate dejarán de patrullar en pueblos y ciudades para replegarse en sus cuarteles. Y su retirada se acelerará. Rebrotará la violencia. El zapatazo del periodista Muntazer Al-Zaidi al Presidente Bush, el pasado 14 de diciembre en Bagdad, da una idea de la rabia de una parte del pueblo iraquí contra la ocupación estadounidense. ¿Conseguirá el nuevo y corrupto ejercito de Irak impedir la dislocación del país?

Habrá elecciones decisivas en Israel, para la función de Primer ministro, el 10 de febrero ; y en Irán, para la Presidencia, el 12 de junio. La tensión entre estos dos países alcanzará niveles incandescentes ¿Desembocará en un conflicto abierto? Nadie debe desearlo pues las consecuencias geopolíticas serían imprevisibles. También económicas, ya que los precios del petroleo volverían a rondar los 150 dólares. Lo cual agravaría más aún la crisis actual…

En cuanto a Afganistán, país que Barack Obama desea convertir en la prioridad militar de su mandato, si Washington intensifica su intervención tendrá que multiplicar los ataques ilegales contra Pakistan, gigante demógrafico y a la vez potencia nuclear. Eso provocará una posible desestabilización de Asif Zardari, Presidente de este Estado en quiebra, amenazado además por su poderoso vecino indio después de los atentados de Bombay del 26 de noviembre pasado. Washington entraria entonces en un nuevo engranage intervencionista que podría favorecer el rápido retorno al Pentágono de los «halcones», partidarios de un imperialismo duro y dominador. En Kabúl, los estadounidenses tratarán de imponer a un «dictador presentable». Lo cual significará un regreso al realismo político (o sea, al cinismo) y el abandono del proyecto ético que ha defendido Obama durante su campaña electoral.

Otro gigante que puede reservar sorpresas es China. Porque la crisis -que se va a traducir por una subida general del proteccionismo en el mundo y la consiguiente reducción de las exportaciones– le golpeará con mayor rudeza. Miles de fábricas cerrarán despidiendo masivamente a trabajadores desprovistos, en su mayoría, de seguridad social y de atención médica. Las protestas crecerán. ¿Conseguirán las autoridades de Pekín mantener la paz social? ¿A qué precio?

En América latina, la incognita principal será de saber si Barack Obama aceptará el ramo de olivo que le ha ofrecido el Presidente de Cuba, Raúl Castro, y si negociará por fin el final del embargo comercial de la isla. Lo sabremos el 17 de abril cuando, con ocasión de la Cumbre de las Américas en Puerto España (Trinidad y Tobago), el mandatario estadounidense defina su nueva política para el hemisferio.

Entretanto la crisis climática seguirá agravándose. Todo indica que el año 2009 será el de todos los peligros. Porque agoniza une era, la del neoliberalismo, y comienza, a tientas, un nuevo paradigma. Debiera también ser el momento de todas las oportunidades. Para empezar a edificar, por fin, un mundo mejor.


*1 Este 15 de enero se celebra el II centenario del nacimiento, en Besançon (Francia), de Joseph Proudhon, padre del anarquismo.

*2 Moisés Naim « La Brigada 23 de enero », El País, Madrid, 30 de noviembre de 2008.

sábado, 3 de enero de 2009

¿Cómo hacer?

(Es de hace algunos años y bastante largo, pero tiene flow)


Tiqqun

¿Cómo hacer?



I

Veinte años. Veinte años de contra-revolución. De contra-revolución preventiva.
En Italia.
Y en otros muchos sitios.
Veinte años de un sueño erizado de grilletes, asediado de insomnios. De un sueño de los cuerpos,
impuesto con toque de queda.
Veinte años. El pasado no pasa. Porque la guerra continúa. Se ramifica. Se prolonga.
En una reticulación mundial de los dispositivos locales. En una monitorización inédita de las subjetividades. En una nueva paz de superficie.
Una paz armada
y calculada para disimular el desarrollo de una imperceptible
guerra civil.


Hace veinte años, existía
el punk, el movimiento del 77, el entorno de la Autonomía Obrera,
los Indios metropolitanos, la guerrilla difusa.
Aparecía de golpe,
como salido de alguna región subterránea de la civilización,
todo un contra-mundo de subjetividades,
que ya no deseaban consumir, que no querían producir más,
que no querían, siquiera, seguir siendo subjetividades.
La revolución era molecular. La contra-revolución no lo fue menos.
SE dispuso ofensivamente,
duraderamente también,
una compleja maquinaria para neutralizar a lo que es portador de intensidad. Una maquinaria para desmontar todo aquello que podía hacer explosión.
Todos los sujetos de riesgo,
los cuerpos indóciles,
las agregaciones humanas autónomas.
A esto le sucedieron veinte años de idiotez, de vulgaridad, de aislamiento y de desolación.
¿Cómo hacer?


Volver a alzarse. Levantar la cabeza de nuevo. Por elección o por necesidad. Esto último ya no importa nada.
Mirarnos a los ojos, decirnos que volvemos a empezar. Que todo el mundo se dé por enterado,
cuanto antes.
Volvemos a empezar.
Se acabó la resistencia pasiva, el exilio interior, el conflicto por sustracción, la supervivencia. Volvemos a empezar. En veinte años ha habido tiempo de ver. Se ha comprendido. La extensión de la democracia, la lucha “anti-terrorista”, las masacres de Estado, la reestructuración capitalista y su Gran Obra de depuración social,
por selección,
por precarización,
por normalización,
por “modernización”.
Se ha visto. Se ha entendido. Los métodos y los objetivos. El destino que SE nos reserva. Todo lo que SE nos niega. El estado de excepción. Las leyes que colocan a la policía, a la administración, a la magistratura por encima de las leyes. La judicalización, la psiquiatría, la medicalización de todo lo que se sale del carril impuesto. De todo lo que huye.
Se ha visto.
Se ha entendido.
Los objetivos y los métodos.


Cuando el poder establece en tiempo real su propia legitimidad, cuando su violencia se torna preventiva
y su derecho es un “derecho de injerencia”,
entonces ya no sirve tener razón. Tener razón contra él.
No hay otra alternativa que ser más fuerte. O más astuto.
También por esto
volvemos a empezar.


Recomenzar no es nunca recomenzar lo que sea. Ni retomar cualquier asunto ahí donde se lo había dejado. Lo que vuelve a empezar siempre es otra cosa.
Siempre es inaudito.
Porque no es el pasado lo que nos mueve, sino precisamente eso que en el pasado
no llegó
a advenir.
Y porque esto lo somos también nosotros mismos,
en tanto que volvemos a empezar.
Recomenzar quiere decir: salir de la suspensión. Restablecer el contacto entre nuestros devenires.
Partir,
una vez más,
de ahí donde nos encontramos,
ahora.


Hay –por ejemplo- ciertos golpes
que no SE nos darán de nuevo.
El golpe de “la sociedad”.
La sociedad por transformar, por destruir, por mejorar.
El golpe del pacto social, que algunos querrían romper para que otros puedan fingir que lo “restauran”.
Golpes como estos,
no volverán a dárnoslos.
Hay que ser un elemento militante de la pequeña burguesía planetaria, un “ciudadano” en toda la extensión de la palabra,
para no ver que ya no existe
la sociedad.
Que ha hecho implosión.
Que ya no es más que la coartada para aquellos que dicen re/presentarla.
Que la sociedad se ha ausentado.


Todo lo que es social se nos ha vuelto extraño.
Nos concebimos como absolutamente desvinculados de todas las obligaciones, de todas las prerrogativas, de todas las pertenencias
sociales.
“La sociedad”
es ese nombre que demasiadas veces ha recibido Lo irreparable, entre los que querían también hacer de ella
Lo inasumible.
Quien rechace este cebo habrá de hacer
un gesto de retiro.
Operar
un ligero desplazamiento
con respecto a la comunidad lógica
del Imperio y su contestación
-la lógica de la movilización-,
habrá de huir de su temporalidad común:
la de la urgencia.


Recomenzar quiere decir habitar este mismo retiro. Asumir la esquizofrenia capitalista en el sentido de una creciente facultad de des-subjetivación.
Desertar conservando las armas.
Huir imperceptiblemente.

Recomenzar quiere decir reintegrarse a la secesión social, a la opacidad, entrar en desmovilización,
arrancando hoy a esta o aquella red imperial de producción-consumo los medios de vivir y de luchar para, tan pronto se presente la ocasión,
sabotearla.


Estamos hablando de una nueva guerra.
De una nueva guerra de partisanos. Sin frente ni uniforme. Sin ejército ni batalla decisiva.
Una guerra donde los campamentos se despliegan al margen de los flujos mercantiles, si bien conectados a ellos.
Hablamos de una guerra que se libra en latencia. Que tiene el tiempo necesario.
De una guerra de posiciones.
Que se dirime donde nos encontramos.
En el nombre de nadie.
En el nombre de nuestra existencia misma,
que no tiene nombre.
Operar este ligero desplazamiento.
No temer ya a su tiempo.
“No temer a su tiempo es una cuestión de espacio”.
En el squat. En la orgía. En el motín. En el tren o en el pueblo ocupado. Mientras busco, entre desconocidos, una fiesta inhallable. Me entrego a la experiencia de este ligero desplazamiento. La experiencia de mi des-subjetivación. Acepto devenir una singularidad cualquiera. Un juego se insinúa entre mi presencia y todo el complejo de cualidades que me son atribuidas normalmente. En los ojos de un ser que –presente- se empeña en estimarme “por lo que soy”, puedo saborear la decepción, su fiasco al encontrarme tan común, tan perfectamente accesible. En los ojos de otro, una complicidad inesperada.
Todo lo que me aísla como sujeto -como cuerpo provisto de un repertorio de atributos públicos-, percibo ahora que se desvanece. Los cuerpos se desflecan en su límite. En su límite, se tornan indistintos. Trozo tras trozo, lo cualquiera echa a perder la equivalencia. Y yo accedo a una nueva desnudez,
a una desnudez impropia,
revestida de amor.
¿Cabe evadirse solo de la cárcel del Yo?


En el squat. En la orgía. En el motín. En el tren o en el pueblo ocupado.
Nosotros
volvemos a encontrarnos.
Volvemos a encontrarnos
en singularidades-cualquiera. Es decir,
no sobre la base de una pertenencia común,
sino de una común presencia.
Esta es
nuestra necesidad de comunismo.
La necesidad de espacios de noche,
en que pudiéramos
volvernos a encontrar,
más allá
de nuestros predicados,
más allá
de la tiranía del reconocimiento. Donde este mismo re-conocimiento se impone siempre como distancia
final entre los cuerpos: como ineluctable separación.
Todo aquello que SE me reconoce (la novia, la familia, la clase, la profesión, la opinión, el Estado), con todo eso SE me cree atrapado. Por la constante referencia a lo que soy, a la suma de mis cualidades, SE querría desligarme de cualquier situación, SE querría extraer de mí, en cualquier circunstancia, una fidelidad a mí mismo, que es una fidelidad a mis predicados.
SE espera de mí que me comporte como hombre, como empleado, como parado, como madre, como militante o como filósofo.
SE quiere contener entre los límites de una identidad el curso imprevisible de mis devenires.

SE me quiere convertir a la religión de una coherencia
que ha sido escogida para mí.


Cuanto más SE me reconoce, más impedidos resultan mis gestos, interiormente impedidos. Así me veo atrapado en la malla estrechísima del nuevo poder. En las retículas intangibles
de la nueva policía: LA POLICÍA IMPERIAL DE LAS CUALIDADES. Hay toda una red de dispositivos a los que me acoplo para “integrarme”, y para que así me incorporen cualidades.
Todo un imperceptible sistema de fichaje, de identificación y de control mutuos.
Toda una prescripción difusa de la ausencia.
Todo un dispositivo de modelado comporta/mental, que tiende al panoptismo, a la privatización
transparencial, a la atomización,
y en el cual me debato.


Necesito devenir anónimo.
Para poder estar presente.
Más presente cuanto más anónimo.
Necesito zonas de indistinción
para acceder a lo Común.
Para cesar de reconocerme en mi nombre. Para no oír ya en mi nombre
otra cosa que la voz que lo pronuncia.
Para dar consistencia al cómo de los seres, no a lo que son,
sino a cómo son eso que son.
Su forma de vida.
Necesito zonas de opacidad donde los atributos,
incluso criminales, incluso geniales,
no separen más a los cuerpos.


Devenir cualquiera. Devenir una singularidad cualquiera, no está dado.
Siempre es posible. Pero no está dado.
Hay una política de la singularidad cualquiera
que consiste en arrancar al Imperio
las condiciones y los medios,
incluso intersticiales,
para experimentarse como tal.
Es una política, ya que requiere una aptitud para la confrontación
y que una nueva agregación humana
le corresponda.
Política de la singularidad cualquiera: delimitar esos espacios donde ningún acto es asignable ya a ningún otro cuerpo dado.
Donde los cuerpos recuperan la capacidad del gesto que la táctica distribución de los dispositivos urbanos –ordenadores, automóviles, escuelas, cámaras, móviles, gimnasios, hospitales, televisores, cines…- les habían hurtado.
Reconociéndolos.
Inmovilizándolos.
Haciéndolos girar en el vacío.
Y consiguiendo que la cabeza exista
separada del cuerpo.


Política de la singularidad cualquiera.
Devenir-cualquiera es más revolucionario que ser no importa qué otra cosa.
Liberar los espacios nos libera cien veces más que no importa qué otro “espacio liberado”.
Más que de poner en acto un poder, yo disfruto de la puesta en circulación de mi potencia.
La política de la singularidad cualquiera reside en la ofensiva. En las circunstancias,
los momentos y los lugares en que serán arrancados
-los lugares, los momentos y las circunstancias-
hacia ese anonimato,
hacia la detención momentánea en estado de simplicidad,
la ocasión de extraer, de entre todas nuestras formas, la pura adecuación a la presencia,
la ocasión de estar,
por fin,
ahí.



II

Cómo hacer.
No: “qué hacer”.
Cómo hacer. La cuestión de los medios.
Y no ya la de los fines, la de los objetivos:
No la cuestión de eso que “hay que hacer”, estratégicamente, en lo absoluto.
Sino la cuestión, más bien, de aquello que se puede hacer, tácticamente, en situación,
y de la adquisición de esta potencia.
Cómo hacer. Cómo desertar. Cómo funciona eso. Cómo hacer compatibles el comunismo y mis heridas. De qué manera mantenerme en guerra
sin perder la ternura.

La cuestión es técnica. No es un problema. Los problemas son rentables.
De ellos se nutren los expertos.
Una cuestión
técnica. Que se desdobla en la cuestión de las técnicas de transmisión de estas técnicas.
Cómo hacer. El resultado contradice siempre el fin. Porque plantear un fin es aún un medio,
sólo otro medio.

Qué hacer. Babeuf. Tchernychevsky. Lenin. La virilidad clásica reclama un analgésico,
un milagro,
algo.
Un medio para ignorarse todavía un poco.
En tanto presencia. En tanto forma de vida. En tanto ser-en-situación, dotado de inclinaciones.
De inclinaciones determinadas.
Qué hacer. El voluntarismo como último nihilismo. Como nihilismo propio de la virilidad clásica.
Qué hacer. La respuesta sería muy simple. Someterse de nuevo a la lógica de la movilización, a la temporalidad de la urgencia. Bajo pretexto de rebelión. Plantear fines, palabras. Tender después hacia su cumplimiento. Hacia la realización de las palabras. Mientras tanto, remitir la existencia a algún momento posterior. Ponerse entre paréntesis. Habitar en la excepción de sí. En el margen del tiempo. Que pasa. Que no pasa. Que se detiene. Hasta… hasta el siguiente Fin.
Qué hacer.
O, dicho de otra manera: de qué sirve vivir; todo eso que no hayas vivido,
la Historia
te lo devolverá.
Qué hacer. Es el olvido de sí que se proyecta sobre el mundo
como olvido del mundo.


Cómo hacer. La cuestión del cómo. No la cuestión de lo que un ser, un gesto, una cosa
es
sino la de cómo es lo que es. De cómo sus predicados se refieren a él.
Y él a ellos.
Dejar ser.
Dejar ser a la hiancia entre el sujeto y sus predicados. El abismo de la presencia.
Un hombre no es “un hombre”. “Caballo blanco” no es “caballo”.
La cuestión del cómo. La atención al cómo. La atención a la manera en que una mujer es, y no es,
una mujer –se necesitan muchos dispositivos para hacer de un ser del sexo femenino “una mujer”,
o de un hombre “un negro”.
La atención a la diferencia ética. Al elemento ético. A las irreductibilidades que la atraviesan. Lo que sucede entre los cuerpos durante una ocupación es más interesante que la ocupación misma. “Cómo hacer” quiere decir que la confrontación militar con el Imperio debe estar subordinada
a la intensificación de las relaciones en el interior de nuestro partido
Que la política no es
más que un cierto grado de intensidad en el interior del elemento ético.
Que la guerra revolucionaria
no debe ser confundida con su representación: el momento bruto del combate.


La cuestión del cómo. Volverse atento al tener-lugar de las cosas, de los seres. A su acontecimiento. A la obstinada y silenciosa emergencia de su temporalidad propia bajo el aplastamiento planetario de todas las temporalidades
por la temporalidad de la urgencia.
El “qué hacer” como ignorancia programática de todo esto. Como fórmula inaugural
del desamor incesantemente atareado.


El “qué hacer” vuelve. Desde hace algunos años. Desde la mitad de los años 90, más bien que desde Seattle. Un revival de la conciencia crítica parecería enfrentarse al Imperio
con los eslógans, las recetas de los años 60, las buenas intenciones y la necesidad de sociedad.
Vuelven a estar en boga
toda la vieja gama de los afectos socialdemócratas. De los afectos cristianos.
Y una vez más hay manifestaciones. Las manifestaciones mata-deseo. En las que nada ocurre.
Y que no manifiestan
más que la ausencia colectiva.
Para siempre.


Para aquellos que tienen la nostalgia de Woodstock, de la granja, de mayo del 68 y de los tiempos de la militancia,
existen hoy las contra-cumbres. SE reconstruye el decorado, exceptuando lo posible.
Y esto es lo que hoy manda el “qué hacer”: irse hasta la otra punta de la Tierra
a contestar la mercancía global
para volver, tras un enorme baño de unanimismo y de separación mediatizada,
a someterse a la mercancía local.
Les espera al regreso la foto en el periódico… ¡Todos solos y juntos!... Había una vez… ¡Qué juventud!...
Lástima de esos pocos cuerpos vivos extraviados allí, buscándole un espacio a su deseo.
Vuelven más aburridos. Más vacíos que antes. Reducidos.
De contra-cumbre en contra-cumbre terminarán por comprender.
O no.


No se contesta al Imperio en lo que toca a su gestión. No se critica al Imperio.
Se hace frente a sus fuerzas.
Allá en donde esté.

Dar la opinión sobre tal o tal otra alternativa, ir allí adonde se nos llama, ha dejado de tener
sentido.
No hay proyecto global alternativo al proyecto global del Imperio. Porque no existe en absoluto tal proyecto global del Imperio. Existe una gestión imperial. Toda gestión es mala. Y aquellos que reclaman una nueva sociedad harían mejor en empezar a ver
que ya no hay sociedad.
Y así quizá aparcaran su fantasía ingenuo-gestionaria.
Y dejaran de ser ciudadanos.
“Ciudadanos indignados”.


El orden global no puede ser tomado por enemigo.
Directamente.
Pues el orden global no tiene lugar. Muy al contrario. Pertenece más bien al orden de los no-lugares.
Su perfección no consiste en ser global, sino en ser globalmente local. El orden global es la conjuración de todo acontecimiento, porque es la ocupación consumada, autoritaria, de lo local.
No cabe oponerse al orden global más que localmente. Por la extensión de zonas de sombra
sobre los mapas del Imperio.
Por su puesta en contacto progresiva
Subterránea.



La política que viene. Política de la insurrección local contra la gestión global.
De la presencia reconquistada a la ausencia.
A la extranjería ciudadana, imperial.
Reconquistada por el robo, el fraude, el crimen, la amistad, la enemistad, la conspiración.
Por la elaboración de modos de vida que sean también
modos de lucha.

Política del tener-lugar.
El Imperio no tiene lugar. Administra la ausencia haciendo planear por todas partes la amenaza palpable
de la intervención policial. Quien busque en el Imperio un adversario con el que medirse
encontrará el aniquilamiento preventivo.
Ser percibido, de ahora en adelante, es ser vencido.
Aprender a devenir indiscernibles.
A confundirnos.
Hallarle el gusto al anonimato,
a la promiscuidad.

Renunciar a la distinción,
para desbaratar la represión.
Buscarle a la confrontación las condiciones que más nos favorezcan. Volverse arteros. Volverse despiadados. Y así, volverse cualquiera.

Cómo hacer es la pregunta de los hijos perdidos. De aquellos a quienes no se les ha dicho.
De aquellos cuyos gestos no son firmes. A quienes nada ha sido dado. Aquellos cuya condición de criaturas no cesa de ser traicionada por la errancia.
La revuelta que viene es la revuelta de los hijos perdidos.
El hilo de la transmisión histórica ha sido roto. Incluso la tradición revolucionaria nos deja huérfanos. El movimiento obrero sobre todo. El movimiento obrero que ha aceptado volverse
el instrumento
de una integración superior al Proceso. Al nuevo Proceso,
cibernético, de valorización social.
Fue en su nombre que en 1978 el Partido Comunista Italiano, el “partido de las manos limpias”, desataba
la caza del autónomo.
En nombre de su concepción clásica del proletariado, de su mística de la sociedad, del respeto al trabajo, a lo útil y a la decencia.
En nombre de la defensa de las “conquistas democráticas” y del Estado de Derecho.
El movimiento obrero hubo de sobrevivirse en el operarismo.
Única crítica existente del capitalismo desde el punto de vista de la Movilización Total.
Doctrina dudosa y paradójica,
que salvará el objetivismo marxista no hablando ya más que de “subjetividad”,
que llevará hasta un refinamiento inédito la negación del cómo,
la reabsorción del gesto en su producto.
La urticaria del futuro anterior.
De aquello que toda cosa habrá sido.

La crítica se ha vuelto vana.
La crítica se ha vuelto vana porque equivale a una ausencia.
En lo que toca al orden dominante todos saben muy bien a qué atenerse. Ya no necesitamos teoría crítica. Ya no necesitamos profesores. De ahora en adelante, la crítica trabaja en favor de la dominación. Hasta la crítica de la dominación.
La crítica reproduce la ausencia. Nos habla de ese lugar donde no estamos. Nos propulsa a otra parte. Nos consume. Es cobarde. Y se queda a resguardo, sobre todo, cuando nos lleva a la matanza.
Secretamente enamorada de su objeto, no cesa de mentirnos.
De aquí esos brevísimos idilios entre el proletariado y los intelectuales comprometidos. Esos matrimonios de conveniencia, en los que no se tiene la misma idea sobre el placer y sobre la libertad. Más que de nuevas críticas, es de nuevas cartografías de lo que estamos necesitados.
Cartografías no del Imperio, sino de las líneas de fuga fuera de él. Cómo hacer.
Necesitamos mapas
No mapas de todo aquello que no viene en los mapas.
Sino cartas de navegación. Mapas marítimos. Útiles de orientación. Que no se esfuercen por decir, por representar, lo que contienen los diferentes archipiélagos de la deserción
sino que indiquen
cómo llegar a ellos.



III

Estamos a martes, 17 de septiembre de 1996, poco antes del alba. El ROS (Reagrupamiento Operacional Especial) coordina en toda la península el arresto de 70 anarquistas italianos.
Se trata de poner fin a 15 años de pesquisas infructuosas alrededor de los anarquistas insurreccionalistas.
La técnica es bien conocida. Consiste en fabricar un “arrepentido”, y hacerle denunciar la existencia de una vasta organización subversiva jerarquizada. Después –sobre la base de esta creación quimérica- se puede acusar de formar parte de la organización a todos aquellos a quienes se quiera neutralizar.
Una vez más: secar el río para coger los peces.
Incluso si no se trata más que de unas pocas truchas.
Una “nota informativa de servicio” se ha filtrado desde el ROS a propósito de este asunto.
En ella se expone la estrategia.
Fundado sobre las directivas del general Dalla Chiesa, el ROS es el modelo por excelencia de servicio imperial de contra-insurrección.
Este servicio trabaja sobre la población.
Allí donde una intensidad se produce, allí donde algo sucede, él es el french doctor de la situación.
Aquel que pone, bajo coartada de profilaxis, los cordones sanitarios imprescindibles para evitar el contagio.
Lo que teme, no duda en decirlo. En este documento incluso lo escribe. Lo que teme es “el terreno pantanoso del anonimato político.”
El Imperio tiene miedo.
El imperio tiene miedo de que nos convirtamos en cualquiera.
Un medio delimitado, una organización de combate, no los teme.
Pero una constelación expansiva de squats, de granjas alternativas, de viviendas comunales, de agrupaciones fine a se stesso, de radios, de técnicas y de ideas,
la población re-vinculada por una intensa circulación de los cuerpos,
y de los afectos entre los cuerpos,
eso es algo muy distinto.

La conspiración de los cuerpos. No de los espíritus críticos, sino de las corporeidades críticas.
Esto es
lo que el Imperio teme. Esto es también lo que lentamente adviene, con el crecimiento de los flujos
de la defección social.
Hay una opacidad inherente al contacto de los cuerpos. Y que no es compatible con el reino imperial de una luz que no alumbra ya las cosas
si no es para desintegrarla.
Las Zonas de Opacidad Ofensiva no son algo por crear.
Están ya ahí.
En todas las relaciones en las que sobrevive una verdadera puesta en juego de los cuerpos.
Lo que aún falta es asumir que tenemos parte en esta opacidad.
Y proveerse de los medios
para extenderla
y para defenderla.
En todas partes en donde se consigue desbaratar los dispositivos imperiales, arruinar el trabajo cotidiano del biopoder y del espectáculo para obtener de la población una fracción de buenos ciudadanos. Para aislar a los nuevos untorelli. En esta indistinción reconquistada
se forma
espontáneamente
un tejido ético autónomo,
un plano de consistencia
secesionista.
Los cuerpos se agrupan. Recobran el aliento. Conspiran.
Cuántas de estas zonas estén destinadas al aplastamiento militar importa poco.
Lo que importa, en cada ocasión,
es haber preparado una vía de retirada lo bastante segura.
Para reagruparse en otro sitio.
Poco después.

Lo que subyacía al problema “qué hacer” era el mito de la huelga general.
Lo que responde a la pregunta “cómo hacer” es la práctica de la HUELGA HUMANA.
La huelga general presuponía que había una explotación limitada en el tiempo
y en el espacio,
una alienación parcial,
debida a un enemigo reconocible y, por ello, vencible.
La huelga humana responde a una época donde los límites entre el trabajo y la vida se han borrado.
Donde consumir y sobrevivir,
producir textos subversivos y precaverse de los efectos de la civilización industrial,
hacer deporte, hacer el amor, ser padre o adicto al prozac,
todo es trabajo.
Pues el Imperio administra, digiere, absorbe y reintegra
todo lo que vive.
Incluso “lo que soy”, la subjetivación que no desmiento hic et nunc,
todo es productivo.
El Imperio lo ha puesto todo a trabajar.
Idealmente, mi perfil profesional coincidirá con mi propio rostro.
Incluso si no sonríe.
Los gestos del rebelde, después de todo, no dejan de venderse bastante bien.

Imperio equivale a decir que los medios de producción se han convertido en medios de control,
a la vez que se verifica lo contrario.
Imperio significa que de ahora en adelante el momento político domina
sobre el momento económico.
Y contra esto, la huelga general no puede nada.
Lo que hay que oponerle al Imperio es la huelga humana.
Que no se ataque nunca a los procesos de producción sin atacar al mismo tiempo a las relaciones afectivas que los sostienen.
Quien mina la economía libidinal inconfesable,
restituye el elemento ético –el cómo - inhibido en cada contacto entre los cuerpos neutralizados.
La huelga humana es aquella que, allí donde SE esperaría
esta o aquella reacción previsible,
este o aquel tono contrito o indignado,
PREFIERE NO HACERLO.
Se escabulle al dispositivo. Lo satura o lo hace estallar.
Se reapropia de sí, prefiriendo
otra cosa.
Otra cosa que no está programada en los posibles autorizados por el dispositivo.
En la ventanilla de un servicio social, en las cajas de un supermercado, en una conversación educada, tras una intervención de los maderos,
según la relación de fuerzas,
la huelga humana dota de consistencia al espacio entre los cuerpos, pulveriza el double bind en que están atrapados,
los obliga a la presencia.
Hay todo un ludismo por inventar, un ludismo de los engranajes humanos
que hacen girar el Capital.

En Italia, el feminismo radical ha sido una forma embrionaria de la huelga humana.
“¡Basta de madres, de esposas y de hijas, destruyamos las familias!” era una invitación al gesto de romper los encadenamientos previstos,
y liberar los posible comprimidos.
Era un atentado contra las relaciones afectivas cagonas, contra la prostitución cotidiana.
Era una llamada a la superación de la familia como unidad elemental de gestión y de alienación.
Una llamada a una complicidad.
Práctica insostenible sin circulación, sin contagio.
La huelga de las mujeres apelaba implícitamente a la de los hombres y los niños,
apelaba a vaciar las fábricas, las escuelas, las oficinas y las cárceles,
a reinventar para cada situación otra manera de ser, otro cómo.
La Italia de los años 70 era una gigantesca fábrica de huelga humana.
Las autoreducciones, los giros radicales, los barrios ocupados, las manifestaciones armadas, las radios libres, los innumerables casos de “síndrome de Estocolmo”, incluso las famosas cartas de Moro detenido, al final, eran prácticas de huelga humana.
Los estalinistas de entonces llamaron a todo esto
“irracionalidad difusa.”

Hay autores también
en quienes nunca cesa
la huelga humana:
en Kafka, en Walser,
o en Michaux,
por citar tres ejemplos.

Adquirir colectivamente esta facultad de sacudirse
todo lo familiar.
Este arte de frecuentar en sí mismo
al más inquietante de los huéspedes.

En la guerra presente,
en la que el reformismo de urgencia del Capital debe adoptar
las señas del revolucionario si quiere hacerse oír,
en que los combates más democráticos –los de las contra-cumbres- recurren a la acción directa,
un papel nos está reservado.
El de mártires del orden democrático,
que machaca preventivamente todo cuerpo que pueda machacar.
Yo tendría que entonar ahora el lamento de la víctima,
pues todo el mundo –como es sabido- es víctima, incluidos los mismos opresores.
Tendría que disfrutar que una discreta circulación del masoquismo re-encante la situación.
Pero la huelga humana, hoy,
es negarse a desempeñar el rol de víctima.
Combatirlo sin tregua.
Reapropiarse la violencia.
Arrogarse la impunidad.
Hacer comprender a los ciudadanos idiotizados,
que por más que no entren en guerra, lo están,
quieran o no.

Que allí donde SE nos dice que es “esto o la muerte”,
siempre es,
en realidad,
esto y la muerte.


Así,
de huelga humana
en huelga humana, propagar
la insurrección,
en la que ya no hay que,
en la que todos
somos singularidades-cualquiera.

Tiqqun
(Traducción de La llave de los campos)